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¿Quién piensa en Emmanuel?

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                             Que desgracia haber tenido razón cuando advertí que de Chávez, Uribe y las FARC, no se podía esperar más que un fiasco. Que desgracia para las familias haber sido birladas. Qué desgracia para la credibilidad del proyecto. Que desgracia para la civilidad de estos países bolivarianos. Todos los actores, al cual más, sacándose los dientes mientras se regalan sonrisas, tomándose fotos mientras conspiran, diciendo verdades a medias en los medios, manipulando información, dejándose los ases bajo la manga.  Chávez tenía preparado el gran show internacional, con invitados de nueve países, hasta su compadre Kirchner había venido del sur. Aviones venezolanos volando el espacio aéreo de Colombia, por el corredor despejado concedido por Uribe. Helicópteros en Villavicencio y comunicación directa con las FARC. Esperaba que todos los medios estuvieran cuando recibiera los tres secuestrados en el aeropuerto de Maiquetía, entonces alzaría a Emmanuel, le estamparía un beso bolivariano y lo levantaría  en sus brazos para mostrarlo al mundo. 

 

Las FARC habrían logrado que su promoción unilateral de entrega de tres de los secuestrados, Emmanuel incluido, les diera aire, prestancia beligerante. El cartel revolucionario de la droga recibido en Miraflores. Un reconocimiento que necesitaban, una visibilidad necesaria, después de cinco años en que Uribe lo ha golpeado, chupándose el presupuesto nacional y la ayuda norteamericana.  

Uribe no estaba para pasar por ausente del show bolivariano de la liberación, del golazo político que le metió Chávez, que parecía haber logrado en seis meses, lo que Uribe no ha logrado en cinco años. Debajo de las declaraciones de garantías para la operación, mantuvo a sus unidades alerta en la zona, con apoyo de sobre vuelos, sin que se hubiera presentado combate. Y de otra parte, disponía secretamente de una carga de profundidad, con la que le dio el puntillazo final al show del coronel socialista. Se apareció en Villavicencio, cuando los garantes internacionales llevaban cerca de 50 horas esperando autorización para ir a recibir a los secuestrados. Fue y les dijo que Emmanuel estaba en el Instituto de Bienestar Familiar, bajo la protección del estado colombiano. Desde luego lo presentó como una hipótesis. Que hizo todavía más ordinaria la maniobra.  Toda la atención de la entrega, por arte de los medios, se volcó automáticamente sobre la identidad de Emmanuel.

¿Quién miente Uribe o las FARC? Los hechos terminaron hablando. Las FARC estaban cañando, y el gobierno utilizó a Emmanuel como el último as bajo la manga, para torpedear la operación. Se guardó la información hasta que tuvo valor político.  Hoy sabemos que Emmanuel es el hijo de Clara Rojas. Las FARC a través de un comunicado de la Agencia Bolivariana, lo reconoció tras acusar al gobierno de haber secuestrado al niño, que a su vez estaba secuestrado por ellas. Las coordenadas nunca las entregaron, porque las operaciones militares nunca se suspendieron. El gobierno denunció que el niño había sido entregado con leshmaniasis, paludismo, desnutrido y con signos de tortura.  

¿Quién piensa en Emmanuel?

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