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Colombian Dream

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 Este comentario no refleja mi apreciación global sobre la película de Felipe Aljure, porque confieso que por momentos me dormí, aunque la estaba viendo a las ocho de la mañana. Es posible que lo bueno me lo haya perdido.   

Colombian Dream es una pepera, pero una mala pepera, repetida, circular, ahíta de lugares comunes, alrededor de una corrompida historiecita de compra venta de pastillas. Felipe Aljure, del que siempre podrá uno acordarse por la  Gente de la Universal, lo que hizo fue tomar una historia lánguida y aburrida y salpicarla con caricaturas negras de la sicariesca y luego agitar su cámara y hacer planos como loco, más de 1300. Moverla con osadía y sollarse la edición. Eso está bien, aun siendo la primera obligación de un espectador exigir historias buenas y bien contadas. En eso está toda la gracia.  

Pero un historiecita, de muchachitas lánguidas, sicarios negros, caricaturas sicilianas, bebés que narran, amas de casa ratas y gomelitos y gomelitas, por mucho que se estire no logra, a punta de caricaturas negras y cámara loca, ser una buena película. Lo que sí podría ocurrir en algún caso, en la situación contraria. Aljure quería sollarse su película, ponerse al borde de la ruina, quedarse un rato más en Girardot, y lo hizo, y eso está bien.  

 Me pareció muy curioso lo que los muchachos me dijeron de la película. De hecho esperé a verla después de haber acercado la oreja en la opinión de la generación de los veinte. Es áspera, rara, dijeron. Es una pepera, pero chévere. Un agite, superrápida. La historia es una mierda pero de lo que se trata es de jugar. Eso quedaría bien en animación, quedarían más parecidos los personajes. La historia es una mierda, pero Aljure quería jugar con mierda, como si fuera plastilina. Y bueno, estas y otras opiniones, me terminaron influyendo, cómo podría negarlo. Lo que vendría a probar, que un comentario sensato no depende siempre de las malas influencias. Me quedó con la película de Fito Páez.   

Mientras Kim Ki Duk hace una cosa como el Espíritu de la Pasión (prosaicamente también traducida como Hierro 8) y los Coen, hacen algo como, El hombre que nunca estuvo, y Gonzáles su Babel, Aljure está como un bachiller al que el papá le regaló su primera cámara, para que ruede todo lo que quiera, mijo. Desde luego Aljure es un bachiller aprovechado, aunque hizo mejores cosas mientras estudiaba, que esta que ahora nos presenta en su graduación. Más que una historia negra, le quedó como una historia rosa de subterráneo.   

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