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La negación de la inteligencia

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 No sé si cuando los griegos hicieron explotar su carro bomba en la General Santander, previeron que el costo diplomático de semejante barbaridad, terminaría pagándolo el gobierno cubano. Le hicieron un grande favor a Duque, le dieron munición para poner entre los palos a los cubanos. Son criminales, pero ante todo estúpidos, sin visión, torpes de solemnidad. Los griegos y la inteligencia se repugnan.

Los griegos no creyeron  en el proceso de paz con Santos, que venía de firmar con las Farc en La Habana, mucho menos con el Dux. Le apuestan a lo que se le apuesta cuando una participa en algo en lo que no cree, a obtener alguna ventaja necesaria, a modificar en positivo una situación en particular, un buen motivo inconfesable que los obliga, a que después del atentado se apeguen al cumplimiento estricto de los protocolos. Es una pésima broma hecha por unos estúpidos a los que habría que amarrar.

Cuando uno se sienta en una mesa a encontrar salidas a un conflicto, no puede más que actuar como político. Ya no es un problema de cómo hacer la guerra, cómo intensificarla, es un problema de cómo terminarla. Los griegos en esto son primitivamente torpes. La comprensión nunca ha sido su fuerte.

 El sentido de la conversación, cuando las armas no están sobre la mesa, obedece a que las partes creen que hay cosas sobre las que se puede hablar sin armas. Pero los griegos se sientan a la mesa con segunda intención, que en realidad es la primera. No están pensando en paz, están atrapadas en la ventaja de tener una guerra con una mesa. Por eso es que divorcian el aparato de guerra de la conversación y permiten acciones que a ellos mismos no les sirven. ¿De qué les sirve a los griegos el atentado de la Santander? Los puso en el visor del repudio mundial y nacional, en la mira del dolor de las familias de todas las víctimas. Lograron que la mesa, por la que el Dux no daba nada, se levantara. Que se les quitara la inmunidad con la que el gobierno los había investido para su desplazamiento a La Habana, lograron que se activaran las circulares rojas de Interpol y pusieron al canciller cubano a decir que condenan y persiguen el terrorismo, sin que nadie todavía sepa, si los van a detener y a expatriar a Colombia.

 ¿Qué van a hacer los cubanos? No es el momento, por los ajustes necesarios a la sociedad cubana, bajo Díaz Caney, de quedar en el visor mundial como auxiliador de terroristas, o cómplices de la violación de los derechos humanos, a causa de la idiotez natural y la falta de sentido de uno de sus huéspedes oficiales en una negociación de paz.

 No podría decir si los cubanos, en algún nivel, sabían lo del atentado a la Santander. Podría anticipar, eso sí, que si hubieran sido informados se habrían opuesto. La acción es tan estúpida como malévola, porque si de algo podían estar seguros los griegos, era de la reacción del Dux, el gobierno de Monseñor, frente al bombazo. Aun a sabiendas de las consecuencias que tendría para el gobierno cubano, se empeñaron en hacerlo. Si así actúan con un gobierno que los ha recibido para proteger la mesa, que les da garantías y logística, cómo será con un gobierno que no los quiera. Ahora, que si no anticiparon las consecuencias, porque no ven más allá del cañón, la malevolencia se atenúa, sí, pero se multiplica la imbecilidad.

 Si los cubanos actúan atenidos a derecho –más que por quedar bien con la comunidad internacional- lo único que tienen que hacer es detener y expatriar a los griegos, ni más ni menos que entreagarle a toda la dirección al gobierno del Dux. Me es difícil creer que la decisión que el gobierno debe tomar, lo más pronto posible, cualquiera que sea, se tome sin ideología. De fondo, el gobierno cubano está enfrentado al dilema práctico entre tener que irse por un orden legal internacional frente al terrorismo, o por el camino de alguna confusa, secreta o perversa complicidad. Entregárselos al Dux, que no por ningún talento, sino más bien por la imbecilidad de los griegos, es mandarlos a “la boca del lobo”. De no hacerlo, lo urgente es ayudarlos a salir, si ya no lo han hecho. Y luego soportar la condena mundial dirigida por el Sheriff Trump en persona, el Dux, la ONU, la OEA y el perro bravo de latinoamerica, Jair Bolsonaro.

 Imbéciles y además desagradecidos

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