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Posible demanda de Porky a caricaturistas colombianos

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Un artículo de Arcadia sobre el humor y la política me regresó al Platón más antipoético que recuerde. El que proscribió en su República, la risa de la polis. Fue quien vio con nitidez que el poder y el humor no pueden aparecer en público. El poder, de por sí, ridículo, no tolera nada que deje al desnudo su ridiculez. Nada en lo oficial puede destilar la más mínima gota de humor, porque tendría unos costos horribles. Se diría que el gobierno no se toma en serio, que no toma en serio su responsabilidad. La seriedad platónica es la única forma en la que el poder quiere ser visto.

Si un gobierno hiciera humor alrededor de la caída de un puente, asume un papel que la sociedad en su conjunto rechazaría. Ningún gobierno está dispuesto a pagar los costos de popularidad y gobernabilidad solo para que se le reconozca su sentido del humor.     

Con lo que resulta que el poder tiene en el humor un límite infranqueable, que no le permite utilizar las mismas armas de quienes ejercen la oposición con el humor. No es un asunto legal, aunque Garzón, Daniel Samper O, Tola y Maruja, más de una vez tuvieron y han tenido que responder ante un juzgado por un chiste. Demandar a un caricaturista es un mal chiste.

Entre nosotros el humor político, el humor contra el poder, ha tenido un puñado de soberbios osados, que en una viñeta o en una postal han aireado entre carcajadas la seria ridiculez del poder, que huele a huevo podrido. No prosperaría el humor si no naciera del entusiasmo creativo que causa el sentido de oposición. La lambonería, el unanimismo,  no dejan prosperar la sátira. ¿Cómo Klim, Chapete, Salustiano Tapias, Daniel Samper, Osuna, Vlado?

La imagen física del Dux, una vez se convirtió en tendencia, les dejó ver a los caricaturistas la analogía visual/gráfica entre el presidente electo y un rosagante y educado cerdito de las tiras cómicas, Porky. Con su ojo caricaturizador encontraron que no era necesario inventarle una forma, la tomaron prestada de un personaje analógico.  ¿Qué tienen los caricaturistas contra los cerdos?  

¿Quién quiere ser comparado con una caricatura? Si a una mujer se le dice que es como la Susanita de Mafalda, se ofenderá, aun si fuera como Susanita.

Quienes se han ocupado del tema del humor y el poder han intentado encontrar el punto clave que lo precipita, han dicho que es la excepción, la contradicción, la irregularidad hecha evidente.

Sospecho, más allá de lo anterior, algo particular del humor, el ex abrupto, en auténtico sentido latino, un imprevisto que lastima. El chispazo, ver de primero el imprevisto y soltarlo con el ánimo de causar una molestia simbólica. Negarlo sería un chiste.

Tola y Maruja son capaces de una imaginación narrativa que centra el humor en la anticipación exabrupta. Dice el Dux al patrón: vamos a gobernar sin odios. Vamos es mucha gente, responde el jefe.  

 

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