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Historia universal de la destrucción de libros

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Desde que existe la escritura hay quema de escritura: rollos, papiros, tabletas, impresos. Desde hace 25 siglos y sin que haya razones plenamente declaradas, se adelanta una constante y sostenida cruzada aniquiladora contra la memoria de los hombres.  

Un fenómeno de destrucción de memoria que parecería inherente a todas las sociedades, de todos los tiempos y todas las latitudes, que conlleva la premisa anticipativa de que “allí donde queman libros terminan quemando hombres” según el poeta Heine, pero también, la de que “cada libro quemado ilumina el mundo”, como se lo parece a Emerson.

Fernando Báez es un venezolano, historiador, bibliófilo, lector y escritor que se dio a la tarea de hacer una reseña de la destrucción de las bibliotecas en el mundo. Se destruyeron tablillas en la misma región donde se inventó la primera forma de código escrito, en las anchas y sepultadas bibliotecas de Asiria, la de Babilonia, y la de Nínive, que era la de Asurbanipal. Y que según excavaciones llegó a tener hasta 22.000 tabletas. Pasando por las tres quemas de la biblioteca de Alejandría, las quemas de la inquisición, las quemas del nacional socialismo, y la más monstruosa en cantidad, la quema de las bibliotecas rusas por la ocupación alemana, en la que se calcula que se quemaron un poco más de cien millones de ejemplares. Hasta la  quema de la biblioteca nacional de Bagdad en el 2003.

Es curioso que la gran quema de la biblioteca en Bagdad durante la intervención norteamericana contra el gobierno Baas de Sadam Hussein, se haya producido en la misma fecha, en que setenta años antes, los guardias negros del nazismo y las juventudes alemanas letradas salieran a cazar libros y libreros en las ciudades alemanas.

Es una reseña refinada, precisa, secuenciada, con fecha y comentario a cada una de las quemas documentadas. Es posible que falten algunas, pero igual, lo que ha hecho Báez, es rescatar la memoria de entre las cenizas. Es un cazador de archivos que ha sido capaz de mostrar encadenadamente un fenómeno cultural apresado en el concepto de biblioclastia.

Lo que Báez muestra aterroriza, porque no solamente es una violencia instalada en todos los regímenes y sociedades de la historia, que pretenden “arrasar de la faz de la tierra” con la memoria escrita, sino que es la “violencia más simbólica”, la violencia ejercida contra la memoria semántica de la especie. Que al contrario de la memoria oral, es más peligrosa, no por lo que dice, sino por la forma como lo dice, con una estabilidad literal que desborda y multiplica el potencial acumulativo de oralidad.

En alguna novela de Kundera, en la primera escena aparece una foto con los dirigentes políticos en un balcón. En las ediciones siguientes y posteriores al cambio de poder en Checoeslovaquia, la foto de uno de los dirigentes ha sido borrada. Ya ese hombre no existirá para nadie que consulte la historia del país, en la prensa, las revistas, o los libros.

El rigor de Báez, en el ejercicio de compendio, hizo que Chomsky dijera que el libro resultaba “impresionante”. Pero más allá de los resultados de un trabajo tan sistemático y exhaustivo, con la utilización de una montaña de material fáctico inverosímil, es notable la capacidad de hilvanar las condiciones y las constantes de necesidad de todas las sociedades, para socavar la fuente de la memoria. Quemando los poemas de Empédocles, los textos de Lutero, o las novelas de D.H. Lawrence, o Salmand Rushdie. Siempre se han maquillado con diferentes argumentos las quemas de libros en cada época. La "inmoralidad" ha sido una manida explicación de censores y pirómanos, que han condenado desde su superioridad moral, respecto a los autores, sus obras al fuego. De la misma manera que se condena al progresivo olvido a un hombre o a un pueblo que se extinguen por la fuerza.

Termina Chomsky: “El mejor libro sobre este tema en mucho tiempo”. A partir de lo cual bien vendría a ser la joya de la corona, para cualquier bibliocásta nostálgico de las lenguas de fuego de los lanzallamas de la Brigada de Fahrenheit 451.   

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