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Tres líneas rojas

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        Podría ser que el triunfo del NO le hubiera dado un inesperado aire al proceso de paz con las Farc. La renegociación del acuerdo de terminación del conflicto que ha sentado a todos en la mesa, impuso una nueva agenda al país, que podría servir más al proceso de paz, que el triunfo débil del SI.

       Si hubiera ganado el SI, habríamos tenido en simultánea un proceso de agrupación de los guerrilleros en las zonas campamentarias designadas para el desarme y la entrega de armas, y en las ciudades una oposición arrinconada, derrotada (cuando más peligrosa puede ser la burguesía, decía Lenin), alertando todos sus circuitos de seguridad, los señores de la tierra, los parapolíticos, los gremios, los evangélicos, curas, padres de familia  y las hordas homofóbicas.

       Santos se libró de una situación que le habría complicado todo el país, que seguramente habría detenido las acciones de reintegro y desarme de las Farc, que habría colapsado una “hoja de ruta” contenida en el acuerdo y habría hecho entrar en crisis su gobernabilidad.

       Como están las cosas hoy, Santos no la tiene nada fácil. En vez de dos líneas rojas que hubo en La Habana, ahora hay tres. El CD, a través de Holmes Trujillo, ha dicho que no hay líneas rojas. El gobierno mantiene las líneas rojas que le marcan la constitución, las leyes y la propiedad privada. Y las Farc, la línea roja que marca distancias entre guerrillas militarmente derrotadas, los Tigres tamiles en Sri Lanka, y una guerrilla que jamás lo fue.   

     Pero cuando uno ve los que se sientan a la mesa a negociar, se da cuenta que no les interesa la paz, les interesan los negocios que se pueden hacer estando en paz. Y, sin embargo, no podemos desentendernos como sociedad civil, de lo que entre tres arreglen. Muchas de las cosas que ahí se digan y se acuerden, por encima y por debajo de la mesa, no las sabremos.

      Antonio Morales y Alfredo Molano, lo que ven que se cocina es un nuevo frente nacional, una repartija del país, entre tres. Cada uno hace sus negocios, no se pisan las mangueras, cada quien maneja una parte del presupuesto y pastorea sus electorados, con los que consiguen la socorrida legitimidad electoral de las pandillas en el poder.

Tres actores históricos se encuentran: los conservadores del NO, los liberales del SI y los insurgentes del SI. Tenían que venir a encontrarse a finales de la segunda década del siglo XXI, para ofrecernos más guerra, o la paz de los negociantes. Y qué curioso, el único de los tres que representa a la sociedad civil, es el CD.

 

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