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Misiles decibeles

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 El 21 de agosto de 2015 la BBC informó al mundo que se había reactivado la guerra de parlantes entre las Coreas, desde la zona desmilitarizada en la frontera, que se conoce por tener la mayor densidad de transmisiones radiales del planeta. Y que agitan un contraflujo de  ondas conocido como efecto de "interferencia intencional" para bloquear las emisiones de onda en distintas frecuencias, tanto en el sur, como en el norte.

Corea del Sur tiene en sus filas algunos de los mejores ingenieros de sonido del mundo, así que les pidió ad hoc un dispositivo que fuera un misil de sonido capaz de penetrar en territorio contrario hasta doce kilómetros en condiciones de audibilidad. Construyeron torres sobre las que ajustaron un tablero, como los de ajedrez, en cada una de cuyas casillas pusieron un parlante. Fachadas hasta de ochenta metros de alto tapizadas de parlantes de alta potencia que suenan, todos a la vez, y en la misma dirección.

El sistema de altavoces fue reactivado por Corea del Sur después de seis años de silencio. Su superioridad tecnológica hace que la potencia del arma sea mayor. Entre Gimpo y el parque nacional de Kumgang, puntos extremos de una frontera de dos cientos kilómetros, en la zona desmilitarizada, instalaron nuevo baterías que disparan ráfagas de sonido que pueden durar doce horas seguidas.   

¿Qué se transmite? Propaganda política, propaganda de vida, propaganda informativa, información para que los norteños reclamen sus derechos. Una carga ponzoñosa a la que Kim Jong Un no tiene con qué responder con la misma potencia. La misma guerra con otras armas, una guerra que se ha estado librando desde que terminó la guerra en el 53. Hoy tiene una connotación distinta, el poder de la instalación sonora, como un arma simbólica de lanzar misiles verbales, que tocan a todas las poblaciones cercanas a la frontera.

Una frontera que no puede ser pasada por los hombres de ninguna de las dos Coreas, aunque nada, ni siquiera los tratados, impide que sus palabras lo hagan un millón de veces amplificadas. De la misma manera que nada ha impedido detener el delirante espíritu agresivo de esa criatura omnipotente y fofa, que juega con sus armas atómicas y ha hecho estallar una bomba de hidrógeno; nada impedirá que a la energía nuclear se le oponga la energía sonora de la propaganda. Para decirlo con un ejemplo: el abrigo de Kim vale 12.000 dólares, sus zapatos Berluti 2.000, su reloj, un Patek Philippe´s, cinco millones, y su loción Bulgari  100.000 dólares.

 Ya no es la época en la que con un discurso ideológico se ofrecía un mundo mejor, estamos en uno en el que es más peligroso revelar el precio de los zapatos.     

 

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