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Yo el supremo

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La derrota electoral que le propició la oposición al régimen bolivariano de Venezuela, importa entre otras cosas, por ser un golpe duro al ego de Nicolasito, al ego político de la cabeza de la revolución. Un hombre alto y asustado, al que la humildad del perdedor no le cabe. La paliza es una afrenta a “Yo el supremo”.   

El hombre de la casaca roja, el telepresidente que como los telepastores, perora con incontinencia, y nos dice todo lo que ha hecho y lo que hay que hacer, el heredero desafortunado del legado de Yo el supremo. Como Bolívar, el hombre de las dificultades.

La derrota, y el consecuente cambio en la composición política del órgano legislativo, que ha sido siempre un apéndice dócil e inofensivo de supremo poder, se convertirá en un peñón de Gibraltar en el zapato del régimen. Ahora va a comenzar a ser efectiva la separación de poderes. Y a pesar de todos los obstáculos, con que desde ya, se está mimando el terreno legislativo para el 2016, la Asamblea Popular independiente de Venezuela, es la que se merece y ha conseguido la mayoría electoral venezolana.

Las ideologías son males inevitables de la evolución social, el mundo sería otro, sin ellas. Todos los “modelos” ideológicos, políticos, religioso, militares, de casta, de la historia, han sido causantes de la mayor infelicidad social. Las ideologías como “modelo único”, son trampas tendidas sobre la vida de cientos de millones de personas excluidas. En una ideología, por principio, no todos caben, lo cual la convierte en un modelo activo de exclusión, lo que indirectamente explica que el principio activo de todas las ideologías sea el fascismo: el modelo genérico de excluir al distinto con recursos violentos. No se cabe en el modelo, si se es comunista, negro, extranjero, rico, bisexual, pobre, materialista, espiritualista, creyente, ateo, por lo tanto debe ser extirpado. La diferencia es el anatema de las ideologías.

En Venezuela la pandilla gobernante levanta un estandarte revolucionario desvaído, una constitución en miniatura, una camisa roja, y proclama su legitimidad porque representa al pueblo. Los que no están dentro de los linderos del pueblo son declarados enemigos. En la lógica de que si no estás conmigo, estás contra mí. Así, medio país se les quedó por fuera. Y hoy, después de las elecciones, el setenta por ciento del país, está por fuera. Si siguen así se van a quedar solas y enquistadas las facciones que dentro de la dirección revolucionaria pugnan por sostener la debacle o por saltar del barco.

La defectuosa democracia inventada en Grecia, si bien es bandera de cualquier satrapía (Bush entró a Irak para llevar la democracia; Putin se tomó Crimea para llevar la democracia), no es en sí misma una ideología. Es la negación del modelo. Son reglas del juego de convivencia para todos, para que por mas diferencias que tengamos, como tiene que ser, quepamos en la misma nave. Las condiciones de agravamiento de la salud del planeta, seguramente no van a ayudar a que la sociedad encuentre finalmente un lugar en donde las reglas, su acatamiento consciente y sus consecuencias, hagan posible un mundo civilizado, sino feliz.   

Las elecciones gananciosas para la oposición, le están diciendo al gobierno bolivariano que no más continuidad, que no más revolución, que no más leyes habilitantes, que no más poderes dependientes, que no más mala economía. No es el fin del chavismo. Los amores y los gobiernos no se acaban en un momento. 

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