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Oficio de perdón

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 El encuentro, histórico, entre Santos y Timochenko, tiene dos lecturas, o se llegó al punto de no retorno, o las Farc y el gobierno están engañando a los colombianos. Si nada está acordado hasta que todo esté acordado, más que una noticia, a lo que asistimos la semana pasada, es a un montaje. Un acuerdo para mandar una señal de optimismo, de que las cosas van andando, una inyección de adrenalina política al ánimo sombrío de la sociedad civil.

Y no solo no todo no está acordado, sino que la fecha a que el gobierno presionó a las Farc, para que se tomaran la foto, casi de inmediato, un par de días después, fue puesta en duda por Timochenko, en entrevista que le concedió a Piedad Córdoba. Falta mucho. Y cada punto que agita los ánimos en la mesa en La Habana, habrá también de agitar la política interna. Desde que comenzaron las negociaciones, toda la política en Colombia, incluyendo las campañas electorales, se han puesto a girar alrededor de lo que pasa, no ha pasado y va a pasar en la mesa.

El tribunal especial de justicia y la comisión de la verdad, son por lo pronto, dos organismos cuya creación va a agitar, de hecho ya lo está haciendo, toda la política. Santos puso al país político a girar en la órbita de su proyecto de paz. Serán irreconciliables los puntos de vista. Pero el gobierno con sus mayorías hará aprobar el Congresito, un aparato temporal de justicia, que supuestamente hará fluido y ágil la aprobación de un marco jurídico para todo el proceso, la terminación del conflicto y el posconflicto. Hará aprobar el tribunal especial y la comisión de verdad.

Un país con un sistema de justicia que coexiste con un 96% de impunidad, no logrará hacer justicia a las víctimas de los actores violentos, no logrará que digan toda la verdad, ni logrará la reparación completa, y menos la promesa de no repetición. Aun así, la dinámica del proceso de paz, está empezando a moler a quienes se le oponen, aun con argumentos plausibles. Ayer en New York , el Secretario de Estado, Kerry, y el Vicepresidente, Biden, han dado el espaldarazo oficial del gobierno de USA, al proceso, en el marco de su interés de que se desmonte la última guerrilla del continente, mientras se restablecen las relaciones de USA y la Cuba. Con lo que Obama podrá frotarse las manos y decir que hizo el trabajo bien.

Si se silencian los fusiles de la Farc, si se deja de atentar contra la población civil, si se suspende el reclutamiento, las acciones contra la infraestructura y el medio ambiente, y se avanza en el desminado, ya habrá valido la pena tragarse los mil sapos de la paz, con la que terminaría la guerra que jamás se ganó. Es hora de pasar a otra cosa, pasar la página.

Quizás los problemas del posconflicto, las nuevas tensiones en escenarios un poco más civiles, no las hemos terminado de imaginar. Pero será otra cosa, otra historia. Aunque la barbaridad, el extremo salvajismo a que llevó el conflicto, se pueda o no perdonar.

Hoy se dio a conocer una encuesta en donde el 56% de los encuestados dijo que perdonaría a la guerrilla, 53% a los actores oficiales y el 50% a los paramilitares. Medio país que perdona, es una muy buena promesa, o no está diciendo la verdad.

La turbulenta digestión nacional de todos los sapos que hemos tenido que tragarnos, o causará una regurgitación batracia de futuros conflictos, o se cumplirá aquello de "que lo que no mata engorda".

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