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Pogromo desde la patria bolivariana

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Lo que ha hecho el gobierno venezolano con la población colombiana es un auténtico pogromo, más abominable aun, por cuanto se trataría de una estrategia electoral que involucra un estado de emergencia con el que se busca intervenir las elecciones que el régimen tiene perdidas. Las últimas elecciones el chavismo las ganó en la corte lectoral. Hoy, las cabezas de la oposición están en la cárcel o en interdicción, la economía doméstica se encuentra en escala de desastre humanitario, el precio del petróleo por debajo de cuarenta dólares y una vendetta entre mafias quiere “reestructurar la frontera”. Y el gobierno en cabeza de un hombre tan asustado como impotente. Un histrión Caribe que orquesta su indignación por la “conspiración internacional contra Venezuela” desatando un pogromo.

 Un pogromo (del ruso погром: devastación) es una acción organizada, institucional o no, que incluye demolición, desplazamiento, linchamiento, saqueo y matanza contra grupos étnicos, religiosos, emigrantes, minorías. La historia de los Balcanes es la historia de pogromos, migraciones forzadas, militarización y confiscación territorial.

El argumento venezolano es que hay una migración masiva de colombianos a Venezuela que lleva el narcotráfico, el paramilitarismo, la delincuencia y la pobreza. Equivalente al “argumento” de Trumph de que hay una migración de mexicanos a USA que lleva el narcotráfico, el crimen y la pobreza. Argumentos equivalentes que camuflan sendas estrategias electorales.

El problema principal son los colombianos en Venezuela y en Cúcuta que lo han perdido todo, que no han podido regresar o que lo han hecho con un perro, un colchón y un televisor. Son urgentes las medidas humanitarias, los dispositivos de asistencia, la coordinación de la ayuda al gobierno local. Los recursos para atender a las víctimas de un pogromo oficial en Venezuela.

La tibieza diplomática del gobierno colombiano, que es la conducta usual frente a Venezuela,  se le convirtió a Santos en un problema político interno que parecería no saber manejar. El problema no es tanto que una respuesta de diplomacia beligerante haga que Venezuela deje de actuar como país facilitador. El problema, y lo sabe Santos, es que Venezuela y las Farc lleguen a un acuerdo para obtener mucho más control en la mesa de negociaciones de La Habana. Al fin, el gobierno venezolano y las FARC son fraternales y cooperativos, mientras que con el gobierno colombiano está en guerra. Las Farc en La Habana no están solas, están de la mano de un régimen que hace pogromos.

Chávez ha dejado un gran vacío, especialmente en los supermercados.

 

 

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