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¿Hasta dónde es posible tragarse sapos?

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 Estaba harto de la política, de la cosa sucia, simulada, de doble faz, con la que todo se maneja en la vida electoral del poder. La forma tan afrentosa como Santos ganó las elecciones, usando una mixtura de miedo a Uribe y mermelada. Hipotecando las parcelas de su poder. Y amparado en unos indicadores económicos, que le dan fortaleza a su gestión.

Porque estaba harto, me había prometido no escribir por un rato de política, pero hoy es siete de agosto, no hay cómo no hacerlo. Durante algunos minutos, entes del acto de posesión – al que como Uribe no asistí -, estuve viendo a los hombres del poder en el patio de armas, bajo sombrillas blancas. Las delegaciones extranjeras, los poderes, la diplomacia, las fuerzas armadas. No faltaban sino las FARC.

Dije en alguna columna, hace más de un año, que a Santos más que la paz le interesaba la reelección. Ahora está reelegido. A todos quienes le preguntan, les responde lo mismo. Colombia eligió la paz. Así que una vez atornillado, va el segundo round con el cartel rojo.

Si las conversaciones se levantan, Santos ya está reelegido y posesionado. Si se sigue negociando en medio del conflicto, como va a ocurrir,  se debe esperar toda la porquería del conflicto, de lado y lado. Las Farc, por falta de unidad de mando, por desarticulación entre frentes, por la división interna, no hace nada bien. Sigue atacando objetivos civiles, afectando grandes comunidades, como una respuesta terrorista al carácter político de las conversaciones que los representan en La Habana. En manos de los medios sus monstruosidades al mejor estilo paramilitar y mafioso, no hacen más que golpear, el posible futuro político del cartel. Lo que Pablo Escobar quiso para el cartel de Medellín, cogobernar, es lo que podría conseguir el cartel de las Farc. Por lo pronto ya les dictaron a los del gobierno, los términos de una reforma agraria territorial.  

El segundo round, y el último, va por todo. Y cuando lleguen al asunto de la justicia y la participación, van a tener un auténtico foso de distancia, y seguramente las actividades militares y terroristas, se van a incrementar. Santos, obligado por el estamento militar, su ministro de la defensa, y los aliados más a la derecha, va a tener que decidir.

Creo, sin embargo, que todavía tendríamos que tragarnos muchos más sapos, en el esfuerzo de desactivar el poder de fuego del cartel rojo. En el pos-conflicto, tendremos sapos mucho más grandes que tragar, una vez se hayan tomado la foto de firma del acuerdo en La Habana.

 

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