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La fulgurante división azul

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Los hermanos visigodos llevaron a cabo hoy su convención azul, para protocolizar una división que todos se tienen merecida. A cada quien lo suyo y que toquen a rebato las campanas.

La tragedia del partido conservador es que dejó de ser factor activo de poder. Históricamente murió, aunque todavía haya senadores octogenarios, o quizás por eso, y pírricas huestes azules que llenan salones, al mando de comisionistas del poder. En palabras colombianas: se acostumbraron – los conservadores - a comer sobrados de mermelada, de la mano de los gobiernos de turno, que los fletan para que les hagan la segunda en el Congreso y los ministerios, a cambio de puestos. (Cuatro congresistas conservadores radicaron en la semana inmediatamente anterior, casi ciento cincuenta hojas de vida en el Incoder. ¿Cómo votarían hoy en la convención?) Si alguna vez el partido conservador tuvo vocación de poder, hoy no tiene más que vocación de mantenido.

Como en cualquier convención que se respete, se produjo un lamentable episodio convencional, protagonizado por las huestes azules, que llegaron divididas en proporciones que parecían equitativas, entre quienes quieren seguir comiendo mermelada de la mano de su patrón Santos, entre quienes por afinidad histórica, buscan la mano firme y tendida de Monseñor Uribe, y los que buscan emprender una fulgurante e independiente carrera al fracaso, con candidato propio.

El resultado: los visigodos salieron proporcional y equitativamente divididos, aunque la votación haya sido abrumadora para Martha Lucia Ramírez, una señora que fue Ministra de Defensa de Monseñor Uribe, tal vez su mejor crédito. 1074 votos de 2600 convencionistas que votaron en medio de una zambra azul que hostilizó la convención, en particular cuando el senador octogenario, se paró ante la tribuna para pedir que votaran por la mermelada de la paz. Solo faltaron tomates uribistas. Debió abandonar el recinto acompañado por algunos de los más connotados comisionistas.

Así las cosas, los otros 1500 votos parecen haberse repartido entre quienes quieren más mermelada, y entre quienes quieren más tomates. Un lamentable espectáculo de galería, que Don Omar Yepes “moderó”, amenazando con que se suspendería. Habría sido lo más digno y habría permitido que hoy mismo en la noche, se nombrara una comisión de compromisarios para estudiar la situación.

Pastrana, el ensayista fallido de la paz, terminó adherido a la mano firme, del ensayista fallido de la guerra; limpios ambos de mermelada, puestos por el destino en el flanco más hirsuto y fanático contra la paz de Santos. El Senador Gerlein, a salvo, a esa edad no se está para patear la lonchera. Y Doña Martha Lucía Ramírez, encabezando una cruzada por la vigencia y el honor político del partido, que terminará en un lánguido chorro de babas electoral.

Lástima que no se les pueda desear larga vida a los hermanos visigodos.  

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