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1914-2014

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Como decir 1984 o 2666.

A cien años de la primera guerra mundial, que más que una guerra fue un suicidio colectivo, ¿en qué va el mundo? Digamos que Dios viene y nos pregunta, al cabo de cien años de haber estado ausente.

Tras 1914 los imperios, prusiano, ruso, austro-húngaro, turco, británico y francés desaparecieron o entraron en franca decadencia. La Europa de 1914 representaba más de un tercio de la economía mundial, umbral que jamás volvieron a conseguir. Fue una guerra de trincheras y negocios, en la cual se renunció a los valores de la Ilustración. Una guerra de negocios, de banqueros rufianes, de prestamistas aristocráticos, de políticos capaces de todo, de militares imperiales, que se coludieron para repartirse el mundo, a sangre y fuego.

Antes de 1914, las guerras habían sido locales y habían esgrimido valores, la historia en algunos casos validó sus razones,  guerras por el control geográfico, por el honor, por tierras, por posición, por la patria, por la independencia, por la liberación, o por los recursos naturales. Siempre a la luz de cualquier guerra se hicieron negocios, hubo mercados blancos y negros que se envolvieron en tristes y machadas banderas. 1914 no tuvo que envolverse en ninguna bandera, bastó que los más malévolos y malignos espíritus de las otras guerras, lo peor de la especie humana, también se coludiera, para hacer emerger un engendro venenoso, devorador, sanguinario, etnocida, bellaco, que se dividió el mundo, como quien reparte las cartas de un naipe.

¿Qué ha pasado en cien años de civilización política en el mundo? Una segunda guerra mundial, para detener a un loco que se creía ario y quería quedarse con el mundo. La guerra de Corea, para separar linderos entre sistemas. La guerra de Vietnam, para separar sistemas. La guerra de Irak, por los recursos energéticos. La guerra de Afganistán, para detener el poder talibán. La guerra contra Al qaeda. Todas las guerras tribales en África. Y las guerras de liberación en América Latina. Sin embargo, el centro de la guerra, por potencia y repercusión, está en Asía, después de 1914.  

¿El Asia del 2014 es como la Europa de 1914? Sí, ante todo, por la existencia de países fuertes, con economías grandes, con peso mundial, como China, Japón, Asia, Corea del Norte, Honk Kong, Singapur y Taiwan. Tres guerras vivas, la de Irak, entre facciones islámicas, la de Afganistán y la de Siria. Un continente inflamado. Pujante y avasallador.

En segundo lugar, un continente de disputas religiosas, políticas, territoriales, rivalidades históricas profundas, insalvables y culturas políticas nacionalistas. El conflicto árabe israelí que lleva 65 años. El poder creciente de Irán que prefigura un reacomodo de fuerzas. La participación definitiva de Paquistán en la guerra de Afganistán  e Irak. La misma combinación letal que en 1914. “En 1914 los flujos de comercio e inversión entre los europeos eran superiores en términos relativos a los de 2000, es decir, la Europa de 1914 estaba más integrada económicamente que la de 2000 y, aun así, fue a la guerra. Y respecto a la democracia, la evidencia empírica nos ofrece una conclusión tranquilizadora y a la vez perturbadora: que las democracias raramente van a la guerra entre ellas, pero son igual de proclives a ir a la guerra contra dictaduras como las dictaduras entre ellas”. Asia, que en 1914 representaba poco menos del 25% del PIB mundial, suma hoy el 60%.

Tan lamentable informe, a Dios no le dará ninguna seguridad, de hecho al saberlo todo, sabrá como el que más, que a cien años de la primera guerra, todavía está esparcido sobre el mundo el aroma de la bestia que nos empuja al suicidio colectivo.

Feliz año nuevo.

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