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La des-banalización del mal

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 Sabemos exactamente qué le podría pasar a Snowden y a Assange, si llegasen a caer en manos de Obama. Lo mismo que pasó al soldado Manning. Ser encerrados en un cuarto de dos por dos, con luz permanente, vigilancia con cámara, desposeídos de cualquier vestigio de respeto por sus derechos, víctimas del indebido proceso, sin garantías procesales, y atendidos por carceleros tipo Guantánamo. ¿Por qué? Porque mostraron al mundo el juego del “patrón del mal”. Porque desnudaron el entretelonado de una conspiración hegemónica de la información. Porque, sin respetar las reglas, hicieron uso del derecho a informar. Delincuentes informáticos capaces de quitar trivialidad al mal, así sea como un acto de exhibición mediática. En los tres casos, asistidos por distintas razones.

Una primera coincidencia: Snowden atrapado en Sherevetievo, sin status internacional, sin pasaporte, sin visado, en manos de Putin. Agentes norte americanos en un cordón de seguridad encubierta. Evo Morales llega en su avión al mismo aeropuerto, para asistir a una reunión con países productores de gas. Una vez termina la reunión, Evo trepa a su avión y parte. Y unos cuantos minutos después, USA difunde a través de portavoces amigos, como el Servicio de Seguridad de Suiza, la versión a Europa: en el avión de Evo podría ir Snowden.

Una segunda coincidencia: si de verdad Snowden iba en el baño del avión de Evo, cómo no se dio la voz de alarma en el aeropuerto. El servicio de seguridad boliviano montó un dispositivo tal que burló impecablemente la seguridad rusa y la seguridad norteamericana encubierta. Desde que Evo llegó a Moscú, ambos gobiernos tuvieron la sospecha. Evo ya había ofrecido asilo a Snowden, así que la coincidencia parecería ser mayor  Pero Snowden jamás desapareció del aeropuerto. Y así, bien que cabía hacer pasar un mal rato al indio. Propalar una especie falsa, que obligase a los gobiernos de Portugal, Francia e Italia, a actuar como socios leales, negando el sobrevuelo.

En El Tiempo de hoy, en una columna titulada “Cadena de estupideces”, María Isabel Rueda, dice una de esas cosas tan suyas, tan bogotanas, que hacen que Carolina Sanín la deteste. Dice que el incidente Evo-Snowden, fue provocado por Evo. Una de dos, o no entiende un ápice del juego internacional en torno al caso, o su sentimiento político le enajena la capacidad de opinar.

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