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Cinco dedos

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Cinco dedos de Lawrence Malkin, tiene una película  homónima, la de Joseph Mankiewicz, con James Mason, rodada en 1952. Una película de espías, durante la segunda guerra mundial, en Turquía. El título actual es completamente descriptivo de la situación: un joven banquero holandés y músico pertenece a una célula terrorista europea, que comparte el sueño de envenenar la comida, lo que según él,  haría ver el atentado del 11-S, como un juego de niños. Durante el interrogatorio, le van cortando, uno a uno y al mejor estilo terrorista, los dedos de una de sus manos.

Es una película en blanco y negro, una música especialmente compuesta, incidental, profunda. Una fotografía exquisita y una puesta en escena caracterizadamente teatral, con un diálogo que sirve, en cualquier taller de escritura, para mostrar cómo se hace un diálogo.

Es una película de la que no se debe hablar mucho, porque su estructura responde al clásico sentido de la sorpresa. Algo que sorprende por el efecto del truco narrativo, por el sistema de trucaje al contar la historia, por el juego de apariencias que envuelve como en tul, la línea de tensión, y que revelaría que tratándose de trucos, Al Qaeda y la CIA, comparten honores.

Una película de escenario, una puesta en escena convincente, con una tensión sostenida, de una crudeza que da sentido a la acción de los antagónicos, con la fuerza ondulante de un diálogo que sostiene la situación, sin decaer, sin concesiones. Una obra de teatro que sabe mantener la tensión, en virtud de la acción de la palabra, más que una balacera, una persecución o un secuestro.

Se le perdonará, a Cinco dedos, que no tenga consecuencias, para el protagonista, el que cada día le corten un dedo, sin que el desangrado, la infección, la fiebre y mucho menos el dolor, afecten su comportamiento. Los dedos cercenados del pianista, no tienen ningún efecto en su salud, como si apenas le estuvieran curando una uña infectada. Tal vez la pincelada de verosimilitud interna que le falta, no afecte el clima de la tensa crueldad con que el film seduce desde que inicia hasta que se acaba.   

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