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La mujer de los ojos violeta

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Elizabeth Taylor comenzó a actuar a los diez años. Trabajó con Lassie y luego montando a caballo, saltando por las azules praderas de Kentucky y terminó haciendo de suegra de Pedro Picapiedra. Salvo por su papel de Martha en Quién le teme a Virginia Woolf (Mike Nichols 1966, basada en la obra de Edward Albee) no la recuerdo como una actriz. La recuerdo como la mujer de los ojos violeta que hizo 45 películas, se casó ocho veces y jamás fue feliz.

La película fue nominada a los Premios Óscar en cada categoría elegible (película, actor, actriz, actor de reparto, actriz de reparto, director, guión, dirección artística/decoración del set (blanco y negro), cinematografía (blanco y negro), sonido, diseño de vestuarios, música y montaje). Cada uno de los cuatro actores fue nominado, pero sólo la Taylor (mejor actriz) y Sandy Dennis (mejor actriz de reparto) se llevaron la estatuilla. El trabajo de cámara de Haskell Wexler también ganó. Fue la última película nominada en esa categoría, antes de ser eliminada.

Ha muerto una vieja de casi noventa años a la que su corazón le falló. Le venía fallando desde hacía muchos años y a medida que le fallaba iba ganando peso y perdiendo pelo. El maquillaje y el dinero hicieron el milagro de disfrazarle decorosamente su vejez. Las últimas veces que la vi la llevaban en silla de ruedas, todavía repartía esa misma falsa sonrisa de niña buena, conque conquistó los corazones de la clase media.

No sé por qué la imagino insoportable en privado, caprichosa e indolente. No me la puedo imaginar como una viejita buena. Tal vez porque ninguna estrella pueda serlo. La Taylor no tiene en mi recuerdo, el sabor auténtico de la tragedia que encarnó Marilyn Monroe, ni la elegancia actoral de Katherine Hepburn, ni el desdén inolvidable de Lauren Bacall, ni era la Garbo, ni la Bergman, ni María Feliz.

Ignoro si la Taylor creía o no en la reencarnación, si tenía alguna fe auténtica, si alguna vez tuvo accesos religiosos de verdad. La recuerdo consumiendo barbitúricos, sedantes, pastas para dormir. La recuerdo desenamorándose y enamorándose, como si hubiera venido al mundo, diciendo: ¡No quiero que me comprendan, solo que me amen!

Paz en su tumba. Una vez más, irá a encontrarse con Michael Jackson, en un lugar más allá de la tierra de zombis, entre la nada y el olvido.    

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