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2012

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El mundo se está acabando desde que inició. No es noticia. “El fin se acerca”, es el letrero eterno de los descorazonados profetas que huelen la apocalipsis, a la vuelta de la esquina. Hoy tenemos el pronóstico más devastador y preciso que se haya hecho, desde la última vez que se anunció el fin del mundo, al entrar el tercer milenio. El mundo se nos acaba el 21 de diciembre del 2012 a las doce de la noche. Y si no se acaba, va a revolcarse de tal manera, que ni las algas ni los liberales sobrevivirán. Así, que a quienes interese, yo estaré bebiendo ron desde el día 12.

Los argumentos del anunciado proyecto catastrófico, que irá encendiendo motores histéricos en los templos, los campos, la tele, la Internet y el barrio, son tres. El más fuerte: ese día, a esa hora, se producirá un alineamiento sideral en el eje de espiral de la vía láctea, del sol la tierra y los planetas, que causará en la tierra una reacción en cadena de desastres naturales. Un alineamiento que se produce una vez cada 26.000 años. Posiblemente no sobreviva sino Fidel Castro.

El segundo argumento está basado en la interpretación oficial del calendario maya, más acertado que el calendario Playboy y el Bristol juntos, que anticipa para la fecha,  inquietantes irregularidades cósmicas, amén de otras pequeñeces como terremotos, eclipses, desempleo y hambrunas. Se han encontrado en el subtexto alegórico del calendario los indicios de inquietantes coincidencias, que de haber sido bien leídas, estaría anunciando cosas casi tan graves, como el gobierno de Hugo Chávez.

El tercer argumento es, un “libro perdido”, así llamado, que fue encontrado y descifrado por un grupo experto en análisis simbólico, en Italia. Se trata de una secuencia gráfica lineal de dibujos simbólicos, hecha por Nostrdamus, en la que se leen los signos de hechos armagedónicos, que acontecen desde la primera profecía hasta el 2012. Ahí termina el libro. Porque ni ese ni ningún otro podrá arriesgar una palabra o un trazo, más allá de la fecha.   

Mis vaticinios no suelen ser acertados, así que no me crean mucho. Pero igual, vaticino que el temor popular, el atormentado folclore de la culpa, la crisis económica, la pobreza extrema, la cadena de terremotos, la erupción de volcanes, los tsuanamis, en los cinco continentes, adecuadamente excitados por los mm, producirán brotes histéricos de costa a costa. Si fuera empresario de viajes turísticos fuera de la tierra, empezaría a promocionar sillas para la temporada 2012 de invierno. Si fuera empresario de entretenimiento, programaría la fiesta de fin de año del mundo en el Central Park.

No serán los predicadores, sino los presentadores de la tele, los que en el más reciente proyecto de fin del mundo, le muestren al mundo el fin del mundo. Una transmisión en vivo que iniciará el veinte a primera hora. Telesur pasará un especial sobre el fin del imperio.

No quiero que quede la impresión de que me he unido a la campaña de atemorización mediática que - medios como Discovery Chanel - con programas tan exitosos como que consiguen que la astronomía se ponga al servicio de la astrología. No, desde luego que no. Yo quiero infundir confianza. Quiero hacer un llamado a la esperanza, me acojo de todo corazón al lema de campaña de Noemí para el 2012. Estoy segura que entre todos haremos frente a cualquier situación, por difícil que sea. Con una mujer en la Presidencia, pueden estar seguros que saldremos adelante. Con nuestra política de seguridad, equidad e inversión, que se venga el 2012. Les aseguro que al finalizar el año tendremos una Colombia más segura.  

 

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