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Misión y visión

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Los procesos de reingeniería corporativa implantaron la idea de tener una misión y una visión a todas las empresas. Así que desde hace casi dos décadas, desde la empresa multinacional, hasta la última escuela rural, todas deben tener – escritas se entiende – una misión y una visión. El sentido de la promoción, es que no se deje de mirar donde hay que mirar, y que no se deje de hacer lo que hay que hacer, para llegar a donde hay que llegar. Contra lo cual no habría objeción.

Cada institución ha consagrado lo mejor de su pensamiento en declarar que va a mejorar el mundo, cambiar la vida, llegar al cielo, beneficiar a la comunidad, arribar a la sociedad del conocimiento, imponer los mejores valores, socializar el conocimiento y la información. El catálogo más completo de las mejores intenciones corporativas, frente al cual no queda más que caer extasiado.

Respecto a qué cosa es la misión, y qué la visión, a su vez, cada institución goza del derecho a la interpretación. La misión dicen algunos es lo que tenemos que hacer, la visión lo que queremos, o al revés, algo así. Pero no importa, las cosas que se colocan en las misiones y las visiones, son tan sublimes, tan generosas, tan históricas, tan omnímodas, que no importa en qué orden vayan. A juzgar por las intenciones, el mundo y la sociedad tendrán que haberse convertido en algo mejor, para el 2030, cuando todas las empresas, grandes y chiquitas, hayan desempeñado su misión y alcanzado lo que visionaron desde el siglo XX.

Trabajé en una universidad en la que la visión declaraba oronda: estamos comprometidos con el ser. El Rector, desde la cárcel, producía unos videos esperanzadores, proféticos, en los que su compromiso con el ser lo llevaban a sospechar de la ciencia, a favor del saber sectario. Según él, el compromiso con el ser, era el compromiso integral con nosotros mismos. Lo que bien podría traducirse en visiones análogas, que consagren el compromiso con el aire, con la luz, con el páncreas, con el ADN. De una elemental tautología: el ser esta comprometido con el ser, se hizo una misión y una visión ontológica y humanista. Aunque en los hechos, lo usual eran los malos manejos, el enriquecimiento del Rector, el juego politiquero de las camarillas, la falta de calidad académica y de calificación docente; el reino del clientelismo soberano. Y eso que hasta la última de las camarillas de la universidad estaba comprometida con el ser. ¿Qué tal que el compromiso hubiera sido con otro?

Bueno sería, poder saber, oírlo, porque jamás se escribirá, a dónde es que realmente miran las instituciones, y por ende, qué es lo que pretenden. No sobra decir, que en la mayor parte de los casos, el grueso de las comunidades institucionales, no saben, han sido informados pero no pueden explicar, o en caso que puedan, sus explicaciones no coinciden, sobre la visión y la misión. Como si no fueran de ellos, como si no hubieran participado en su escritura, como si no fuera algo para creerse, como si fuera algo tan grande que está más allá de ellos, o porque les importa un higo.

 

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