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La “Cosa” Nostra

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El gatillero Gaspare Spatuzza era el de confianza de los hermanos Graviano - Giuseppe y Filippo - líderes del clan  de Brancaccio, responsable de los atentados entre 1993 y 1994 en Roma, Florencia y Milán, donde perdieron la vida diez personas y 93 resultaron heridas. Hoy Spatuzza, condenado a cadena perpetua,  es el testigo principal de la justicia italiana contra la Cosa Nostra. Il Giornale y Libero, afines al Caballero Silvio Berlusconi – del que no se sabe cómo llegó al poder, a pesar de ser rico -  publicaron un informe según el cual se ha abierto una indagación contra el Caballero, fundada en que  Spatuzza se fue de lengua en uno de los interrogatorios.

Spatuzza  estaba siendo interrogado en una cárcel de máxima seguridad de Turín, en el marco del proceso penal contra el Senador Marcello Dell’Utri, un hombre de la entraña de la Cosa Nostra y de Berlusconi, y condenado en primera instancia a nueve años de cárcel por sus vínculos sicilianos. Intermediarios limpios, políticos que se mueven con fluidez en dos mundos, con dos discursos, en el uno promueven leyes, y en el otro las violan.

Por Spatuzza ahora se sabe que el senador Dell’Utri y Berlusconi fueron los tutores políticos de los clanes durante los años 90. Les ayudaron y fueron bien recompensados. Se colaboraron – como dicen los políticos colombianos - , se asociaron en negocios, que responden a la lógica de Jekyll y Hyde. Y que Stevenson encontró en los políticos de su época, que en el parlamento eran liberales y en los negocios colonialistas. De día civilistas y de noche auténticos Jacks.

Otro testigo,  Pietro Romeo, agente de los clanes, ha confirmado lo dicho por Spatuzza. Nadie más en riesgo en toda Italia que el antiguo gatillero, confinado en el hondo corazón blindado de una prisión turinesa, en donde el Estado lo protege del Estado. Massimo Ciancimimo, hijo del ex alcalde de Palermo, asesinado en 2002 y apodado Don Vito, contó que en los años setenta, cuando “La Cosa” - como bien ha motejado a Berlusconi Don José Saramago - iniciaba su vida empresarial, su padre intercedió ante los clanes de la Cosa Nostra  para que le brindaran su apoyo. Un padre como el de John Kennedy.

Marco Travaglio, es el biógrafo no oficial del Caballero. Se  ha gastado buena parte de la vida siguiéndolo, rastreándolo. Como escritor que es, sabe que la estela que deja la "Cosa", arrastra el aroma perverso de las buenas historias, algunas de las cuales ya ha empaquetado en libros que siempre han tenido salida en librerías. Según Traviglio, lo que está ocurriendo es que los enemigos políticos de la "Cosa" han resucitado los feos fantasmas de la vida prohibida del Primer Ministro.

El colmo de un primer ministro. Corromper a un abogado inglés. El Caballero tiene abierto un juicio por evasión fiscal en la compra de un grupo de comunicaciones, en la que corrompió a David Mills, que hoy paga una condena de cuatro años y seis meses.

¿Qué hacen los caballeros? ¿Qué hace la Señora K, Mel, Chávez, Uribe, Ortega? Negarlo todo, por supuesto, es la política. ¿Qué más pueden? Negarlo todo, mentir, mentir, mentir, hasta la verdad. La "Cosa" Nostra desmintió a Spatuzza, a Romeo, a Traviglio. Se trata de una conspiración repitió ante las cámaras.

Un gatillero, un intermediario y un escritor conspiran contra el Caballero cristiano. Y se defiende diciendo – como Samper en su época - ¿cómo pueden incriminarme, si yo he sido el que más ha golpeado a la mafia? O como dice Uribe: ¿cómo pueden vincularme con los paramilitares si yo los desmovilicé? La Cosa Nostra declara con el mentón en alto, expeliendo ese airecillo infatuado mezcla de Gardel y Mussolini: “Si hay una persona que está lejísimos de la mafia, esa persona soy yo”.

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