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Vampiros al juzgado

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Jordan Scott, la desconocida autora de "The nocturne", anunció querella por plagio contra la Señora Stephenie Meyers, autora de la saga "Crepúsculo". Dos de esas señoras que instigarían la perfidia de Alvarado. Según el apoderado legal de la Scott, hay similitudes probadas entre su obra y la cuarta parte de la saga de los vampiros castos. Lo que quiere decir, al menos uno de los cuatro libros, es un robo literario

No hay coincidencias "palabra por palabra", pero ambas novelas tienen una trama y unos personajes similares. La boda del vampiro, la escena de sexo en la playa y la forma como un humano convertido en vampiro describe la transformación.

"The nocturne", fue publicada en papel en el 2006, pero escrita cuando Scott era adolescente. Tuvo anticipos en internet, que según el abogado, pudieron ser leídos y eventualmente retomados por Stephenie Meyer. Anunció que la próxima semana presentará una demanda formal ante los tribunales federales.

Scott no quiere dinero, lo que quiere es que las fans de Meyers la lean también a ella. Lo que efectivamente no podrá lograr ningún juzgado, por persuasivo que sea. Con lo que cualquiera podría pensar que lo que mueve a la Scott, no es el plagio como tal – si la saga no hubiera triunfado no habría demanda, probablemente el libro ni siquiera se conocería – sino la envidia de autora, de las más verdes y ponsoñozas que puedan acometer a un ser humano.

Hachette Book Group, la editora de Crepúsculo en Estados Unidos, calificó la demanda de "irrelevante" y aseguró que cada una de las novelas de Meyer, son el trabajo personal y exclusivo de una creación que no debe nada a nadie. También, pensaría uno, que la declaratoria de originalidad hecha por cualquier editorial, tendrá que ser necesariamente sospechosa.  

Las aventuras de Bella y su novio vampiro se convirtieron en  “fenómeno", pantano de  la ambigua originalidad de la escritura, de sinuosas trampas de autor, de litigio de autorías y de envidias originadas en el éxito de los  vampiros buenos. Pero nadie, por tonto que pudiera ser, haría en épocas de Internet, plagios comprobables. Ahora es posible meter como en una licuadora, todos los pedazos literarios y producir un texto parecido a todos los de una misma saga, y al mismo tiempo distinto. Nada que un juzgado pudiera utilizar fácilmente para sacarle dinero a una autora exitosa – que ha logrado que muchachos de 15 años se metan 2000 páginas de un cuento -  para entregárselo a una autora que no tuvo el link, que perdió sus quince minutos de gloria, por uno de esos divinos misterios que tienen que ver con las secretísimas y ambiguas relaciones entre un autor y un lector.

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