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Querido Diario

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  La desgracia de los pueblos es tener gobernantes, y mayor todavía, cuando se quieren reelegir a su costa. El bolivarianismo siglo XXI, la inseguridad democrática y el socialismo ecuatoriano, están unidos por un mismo y paranoico proyecto reeleccionista que  necesita de la combinación de todas las formas de gobierno para triunfar. Tal la esencia de la desgracia.

          El trasfondo común al enfrentamiento de Bogotá con el eje Quito-Caracas, está las actividades trasnacionales de las FARC. El carácter internacional del tráfico de drogas, el mercado negro de armas y la industria del secuestro. Proyectos tan paranoicos como dañinos para los pueblos.  

           Micomandante y Correa  no pueden ser más que tajantes contradictores del proyecto de Monseñor. Pero las relaciones internacionales, el comercio, la condición de “hermanos bolivarianos”, los obliga – de manera cada vez más laxa - a una diplomacia de colmillos, que oculta los lazos con las FARC. La imagen de la contraparte de la cara sonriente de la foto es la de sendos traidores. ¿Están o no con sus hermanos bolivarianos? Difícil esperar una respuesta, a los tres les interesa más su proyecto, que la gente.

          Campamentos transnacionales de la guerrilla, ataques colombianos a territorio ecuatoriano, tráfico de secuestrados, utilización política del computador de Reyes, politización del acuerdo humanitario, armas venezolanas en poder de las FARC, cercanía de Chávez con el negocio del narcotráfico, financiación de las FARC a la campaña de Correa, fumigaciones colombianas en la frontera. Hermanos bolivarianos. Seguramente se tratan así porque se quieren.

          Que entre el diablo y escoja entre esta partida de hermanos “bolivarianos”. Que entre a ver a quién se le cree, al Micomandante que firma acuerdos de asistencia técnica militar con Rusia, a Monseñor que le abre las puertas a los contingentes blancos de Obama, o a Correa, a quien las FARC dicen haber entregado 400.000 dólares para su campaña.     ¿Habrá de dónde escoger?

          La bella María Cristina Uribe en el palacio de Condorelet quiso hacerle a Correita una entrevista, que desde luego no se pudo hacer. Ella no sabía que era inentrevistable, por tanto, que mientras él daba una declaración en versión, durante el tiempo que estuvieron en cámara, ella se limitó a decir: pasemos a la siguiente respuesta (eso sí de una impecable manera periodística). Correita contó que le había llegado una copia del diario de Reyes, a mano. La versión es que  fue obtenido en el campamento  por unos honrados comerciantes ecuatorianos, mientras las fuerzas militares colombianas capturaban los computadores. Los comerciantes quisieron venderlo al mejor postor, la prensa, los servicios de inteligencia, los colombianos, otros comerciantes, pero no se pusieron de acuerdo, así que uno filtró la copia al gobierno que la compró por “una fuerte suma” al gobierno ecuatoriano y lo hizo llegar a la Fiscalía, no sin antes haberle hecho una fotocopia.

       Correita acorralado por la prensa colombiana, por el video del Mono Jojoy, por la prensa panameña y española, encontró en la versión manuscrita del diario - asumiendo que hay una versión virtual que esta en los discos duros - , la prueba de que nada tiene que ver con las FARC. Uno de los apartes del diario de Reyes dice: “…Correa nos ha traicionado”. Se le entregó el dinero y no cumplió. Valiente faltón el ojizarco socialista.

      Del fragmento, se infieren dos cosas: que en Correa no se puede confiar, y que las pobres FARC fueron timadas por alguien que lo suplantó. Ecos de un elefante que se robaron en Colombia, que nunca alcanzó a llegar a las manos del Presidente.

 

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