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La reelección de Mel

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El exilio lo ha llevado a San José, Managua, Washington y San Salvador. Comenzó cuando los militares lo sacaron en pijama de su casa a las cuatro de la madrugada y lo echaron del país, porque Mel quiere ser otra vez presidente.

Manuel Zelaya – alias Mel – es nieto de terratenientes, hijo de terratenientes, terrateniente él mismo. Su apariencia retocada es la del mestizo bigotón, que usa sombreros de vaquero de mil dólares y botas de piel de culebra de 1500, y que ajustaría al casting del mexicano rudo que maneja pillos.

Mel – Presidente constitucional de Honduras - ha adquirido, al menos en público, las maneras diplomáticas que aprenden los políticos. Pero sigue siendo un propietario, un ranchero, mestizo, hondureño, político y bandido, que conoce como todos los de Centro América, el “Recurso del método”, que Alejo Carpentier ilustró en su novela.

       En 1975 un grupo de caminantes que abogaba por una reforma agraria que repartiera la tierra concentrada, entre centenares de campesinos empujados contra las cercas, fue detenido por el ejército mientras marchaba a Tegucigalpa. Se los condujo a una finca de los Zelaya donde fueron asesinados. En el grupo había dos colombianos.

 El exilio de Mel comienza porque quiere ser otra vez Presidente. Necesita hacer aprobar un referendo que promueva una reforma constitucional que le asegure un nuevo período. El Consejo Electoral no se lo autoriza. El Congreso debe aprobarlo. Mel   apela a su as bajo la manga, las leales Fuerzas Armadas. Le pide al Ministro de la Defensa que se tome las Cortes, pero los militares se niegan. Sus pillerías le han ganado enemigos, las trampas anticonstitucionales, las violaciones legales, los trucos de poder, como pretender utilizar a las fuerzas armadas para coaccionar a los otros poderes. Así que fueron por él a su casa, de madrugada, lo sacaron en calzoncillos, lo condujeron al aeropuerto y lo embarcaron a Costa Rica.

Mel quiso hacer lo mismo que Chávez, Uribe, Correa y Evo, Ortega. Por interés por supuesto, que en cada caso se arropa con un mesianismo diferente, el del socialismo bolivariano, el de la seguridad democrática, el de la democracia pluriétnica y el de la democracia social.

 Mel quiso hacer lo mismo que los K, que Lula y Bush. Pero Mel juega en las ligas menores de tierra caliente, que poco entienden de mesianismo.

 

 

 

 

 

 

 

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