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El país de la canela

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           Confieso que a pesar de la sencilla admiración que tengo por William Ospina y su obra, hice el vano intento de adentrarme un par de veces en su novela Ursúa y no pude. No me consuelo tontamente en la confirmación de otros tantos lectores que conozco, que también desertaron sin pena ni gloria. Sin embargo, en diciembre una niña me regaló El país de la canela y fui capaz de dejarme llevar en tres sentadas, por entre el caudal amazónico de una magnífica novela de aventuras, bien contada, poéticamente broquelada, y cerrada con la confiada madurez de un narrador, al que con seguridad el Gabo quisiera dejar su antorcha.   

 Ursúa salió bajo el sello editorial Alfaguara. Si no estoy mal las ventas han llegado al respetable número de 45.000 ejemplares. El estreno de Ospina como novelista, en épocas en las que “Macondo agoniza”, ha sido un  mérito en ventas que el autor bien se merece; lo que no se merece es que no haya sido un mérito en lectura. Alfaguara invitó a Ospina a España para hablar de futuras ediciones, sin embargo cuando William regresó a Colombia vino con la decisión de sacar la segunda novela del anunciado tríptico con Norma. Si bien no han pasado cuatro meses de haber salido, el libro no se ha vendido tan bien como Ursúa. Como si lo que hubiera fallado hubiera sido la administración editorial de los dos títulos publicados del tríptico.

 Imaginen a muchos posibles lectores que quisieron conocer al Ospina novelista – y que no supieran de la calidad de su obra previa -  y entraron confiados a Ursúa, y que por razones tan necias como las mías, hubieran desertado. ¿Cuántos de ellos van a tener la gana de adentrarse con el gusto suficiente en El País de la Canela?   

 El País de la canela es una larga carta escrita a Ursúa, quien veinte años después de la imprevista e improvisada expedición comandada por Francisco de Orellana – iniciada en el Barco (Ecuador) el 26 de diciembre de 1541 y que vino a terminar el 9 de septiembre de 1542 en la Isla Margarita (Venezuela) – se halla obsesionado en repetirla. Lo que se cuenta aquí pasó veinte años antes. Y a un ritmo distinto al de Ursúa, otro color y con la delicada velocidad narrativa que le confiere el tono de aventura al relato.

 Movido por la novela rebusqué en el fondo de la alacena donde mi mujer guarda las películas, a “Aguirre, la Ira de Dios” - der Zorn Gottes -, el film de Herzog de 1973. Él muestra la expedición de Gonzalo Pizarro en 1561, situada por Ospina en 1541. Por lo que se comprenderá que Aguirre no aparezca en El País de la Canela. Pizarro, una vez perdido en los tremedales húmedos del río Marañón, encomienda a Ursúa (Ruy Guerra en la película), que ha tenido la ocurrencia de traerse a su amante, Inés de Atienza, a seguir río abajo en busca de ayuda. Pero en el tránsito, Aguirre le da el golpe y lo asesina junto con la mujer, el 10 de Enero de 1561, a los 35 años. Acto seguido, Aguirre, sin el menor empacho,  declara “yo soy la ira de Dios” y se rebela contra el rey de España.

 El Amazonas dio buena cuenta de él, como no lo hubiera podido hacer ningún otro rey.

 

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