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El truco supremo

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Para los científicos el reto es encontrar el bolsón de Higgs, donde estaría la partícula elemental, la que contuvo - en el comienzo del Big Bang - toda la masa: la “partícula de Dios”. Stephen Hawkins ha apostado cien dólares a que el Gran colisionador de hadrones (LHC) no la encontrará. Creo que es más emocionante no encontrarla, ha dicho.

El dispositivo: un anillo hueco de tres metros de diámetro y 27 kilómetros de circunferencia, enterrado a cien metros bajo Suiza, en el centro de Europa. Dos haces de protones de 7 tev fueron inyectados en sentido contrario el primero de agosto y se acelerarán hasta el 21 de octubre, cuando se habría alcanzado una velocidad de colapso (14 tev) que producirá una cadena de bangs simultáneos en los puntos: Atlas, CMS, LHC y Alice.

Se espera con el estallido replicar a escala el Big Bang, hacer lo que hasta ahora estaba reservado a Dios. Si la réplica resulta apropiada, la vanidad científica será intolerable. Se habrá resuelto el problema del campo unificado de la física de partículas, se comprendería el expediente de las dimensiones paralelas y de la materia oscura. El anillo ha costado 10.000 millones de dólares. Más vale que el jueguito les funcione.

Walter Wagner, un astrofísico aguafiestas norteamericano, ha alertado al mundo. La simulación de un Big Bang incluye los agujeros negros, tal como ocurrió en la realidad. Que naturalmente se tragarían la tierra en cien millonésimas de segundo. Para una referencia de los tiempos a escala del Big Bang, baste saber que un segundo después del estallido que se busca simular, la temperatura descendió diez a la nueve grados.

Si hace ocho años Al Qaeda demolió las torres gemelas en un espectacular acto progresivo, que ni siquiera a David Copperfield se le habría ocurrido. Hoy, un clan de dos mil científicos de 34 países que participan en el proyecto LHC, podría estar cocinando un espectáculo diez a la n más emocionante. Apuesten con Hawkins, es la recomendación.

No se trata de la simulación a escala del fin del mundo, una anticipación como la de los apocalípticos medievales o la de los apocalípticos integrados del siglo XX. Se trata de una réplica de origen científico que de ser exitosa, incluye un último truco supremo: hacer desaparecer el mundo, con David Copperfield y todo.

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