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La foto en el balcón del Palacio Líevano

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El caso Petro en Colombia, es más que la destitución de un alcalde de Bogotá, es una confrontación auténtica entre dos modelos de país y de gobierno. No creo que valga la pena seguir insistiendo, como lo han hecho todos los editorialistas, en que el alcalde se equivocó en las cuentas. Reafirmemos el hecho de que en lo que sí no se equivocó fue en proponer el cambio de modelo de basuras para la capital. Políticamente pesa más lo último, aunque lo primero tenga consecuencias administrativas funestas. Por un lado, la concentración de poder en manos de un Inquisidor, y de otra, la ruina de la carrera política de Petro.

La confrontación entre la derecha uribista agresiva y terminante, y el modelo de izquierda que encarna Petro es la misma confrontación que se ha dado en Ecuador, Perú, Chile, Argentina y Venezuela. A nadie le debe pasar por alto que en los planes políticos de Petro está llegar a la presidencia. Una confrontación que en Colombia se ha dado en baja escala, sin potenciales efectivos  de poder por parte de la izquierda, contaminada de la agreste tradición de los corpúsculos, sin experiencia gobernando, y con el antecedente del affaire de los Moreno, que gobernaron a Bogotá a nombre del Polo Democrático. Nadie debería votar por el Polo Democrático en una elección para Alcalde. El Polo merece la sanción política, por haber sido alcahueta de dos depredadores, que planearon el desmantelamiento financiero de Bogotá. Así como el abuelo quiso robarse el  país, ellos quisieron robarse la capital. Tan bien que les estaba yendo.

 El modelo de país, el modelo democrático y el proyecto de paz, es lo que está en juego. Un ensayo – el de ahora - más confrontacional, más ideológico, si se quiere. El estado social de derecho y el estado de la seguridad democrática, para ser claros. La punta de lanza de la ofensiva uribista es el procurador Ordoñez, que con armas administrativas, pretende sacar del camino a Petro, quien no dudó un instante en decir, que el Procurador le había dado “un golpe de estado”. De esa magnitud es la interpretación que hace  Petro de la estocada. Y en eso, tampoco se equivoca.

Me parece que frente al caso Petro todos los sectores de la política están obligados a decir algo, a plantearse en el contexto de una confrontación entre dos modelos de país y ciudad. Además porque el caso Petro, está empujando todas las fichas del mapa electoral del 2014. Al debate presidencial del 2014 se le suma ahora el debate por Bogotá. Ahí en la cerca están posados, esperando,  Enrique Peñalosa, Antanas Mockus y Pacho Santos.

La foto ya ha sido tomada. Petro en el balcón sur del palacio Líevano, sobre la Plaza de Bolívar, acompañado por el dirigente de la guardia indígena, con su bastón, por el dirigente campesino, con su ruana, y por la candidata presidencial de la Unión Patriótica, Doña Aida Abello, que regresó del exilio, para continuar ofreciendo resistencia civil, a una arremetida, que a la derecha, utilizando a los paramilitares, le permitió extinguir a toda una organización política, lo cual la obligó a dejar el país durante 17 años.

Como la foto de Klement Gottwald, con el gorro de piel, que Clementis le había cedido, una tarde de febrero de 1948, en el balcón de un palacio barroco en Praga, que da a la Plaza  de la Ciudad Vieja. El momento crucial de la historia de Bohemia.    

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