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¿A espaldas de Santos?

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Miércoles  20: el Ministro de Justicia del régimen Santos da al país, tras la aprobación de la reforma a la justicia, parte de victoria, anuncia con orgullo e inmoderada satisfacción, “el deber cumplido”. Se congratula, casi con ironía, de haber logrado una “reforma integral”, que le da herramientas al país para resolver los problemas más graves de la administración de justicia.

Jueves 20: el Presidente Santos interrumpe la programación ordinaria de televisión, para decirle al país, que la reforma a la justicia aprobada en el Congreso, un día antes, es inaceptable. Que no la va a promulgar, es decir que va a objetar la reforma a la constitución, porque en la etapa de conciliación se le introdujeron gorilas completos, a espaldas del gobierno.

Es como si estuviéramos gobernados por los hermanos Marx. Aunque el efecto no solo es cómico, es devastador, criminal. Los tres poderes amangualados para hacerse una reforma, una legislación en causa propia, aunque algunos congresistas (27 exactamente)  y magistrados hayan rechazado el engendro. El gobierno, durante las ocho rondas de aprobación, gestionó oficiosamente la reforma con la directriz de ganarse a los congresistas  y a los magistrados – con impunidad constitucional  y extensión del periodo  – para asegurar su apoyo al gobierno. Y un día después tener que salir a decir, que gracias, pero no.

Desde luego la descalificación a su propio engendro no vino porque al Presidente le hubiera sobrevenido a última hora un sentimiento de transparencia, de ética política, o de simple decencia gubernamental. No, le vino porque al día siguiente de la aprobación se convocó en Bogotá a un referendo para tumbar la reforma, que los medios, liderados por la W, apoyarían cerradamente, en contra del gol que se le ha hecho al país.

La naturaleza del gobierno de Santos no es distinta de la naturaleza del Gobierno Uribe. Ambos son borrascosamente tramposos y oscuros. A pesar de las diferencias que Santos se ha empeñado en marcar, el distanciamiento en los hechos y el desalinderamiento político, ambos son pelos de la misma perra.

Por más buen jugador de póker que sea el Presidente, la jugada que hizo fue equivocada, entre otras cosas porque encubre una trampa chapucera. Acusó a los conciliadores de senado y cámara, de haber urdido a “sus espaldas” una redacción apresurada y clandestina  que introdujo 18 orangutanes gigantes, durante once misteriosas horas de trabajo de los conciliadores. Otra jugada, aunque también tramposa, quizás le hubiera dado margen: una alocución inmediata, conocidas la declaración triunfalista del Ministro Esguerra, o al menos, un twitter, descalificando sus declaraciones. Como si en efecto, en once horas los conciliadores - de la unidad nacional -  hubieran podido introducir zoológicos, que se habían estado negociando durante meses en los trámites de aprobación.

Ninguna jugada podrá quitarle a Santos la imagen de tramposo. Destapó el juego y mostró el cobre, él que siempre ha gustado de barrer la escoria bajo la alfombra, aun con cierto innegable éxito. Como será de pervertida la reforma, que Uribe, a cuyos socios tras las rejas  tanto les convendría, que en un twitter de ayer, antes de que Santos anunciara su rechazo, dijo que el gobierno había promovido la reforma durante seis meses y un día después de aprobada, salió a lavarse las manos. Cuando le preguntaron a Simón Gaviria – Presidente de la Cámara y Director del Partido Liberal – cómo había podido incurrir en un voto aprobatorio a semejante esperpento, dijo sin más, que había votado sin leer.

Pero no hay tal, ni con naipes marcados, ni con lavada de manos, Santos podrá ocultar su alevosa catadura de tramposo, envuelta en la fama de conciliador taimado, que le ha permitido nadar en aguas mansas sobre un mar picado.  

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