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Don Pablo: el patrón del raiting

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Cuando Doña Himelda Gaviria le dice a su hijo: “Pablo, cuando vayás a hacer algo malo, hacelo bien”, está educando en valores. Que no sean los que nos gusten, o les gusten a los columnistas del Tiempo, es otra cosa. “Estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros”. Educación en valores al estilo de Groucho Marx. Que no nos gusten, bueno, hasta María Isabel tiene otros.

En su columnilla - ¿Apología del crimen? - el domingo 10 de junio, María Isabel Rueda, improvisa en un tono, entre moralizante e imperativo, un discurso para decirles a los guionistas de la serie sobre la vida de Pablo Escobar, con que Caracol se le enfrenta a RCN, que “refuercen elementos valorativos” de los discursos de Galán. El patrón del bien.

El solo título de la columna es de una agresividad retórica amenazante. Si se le quitan las interrogaciones es una afirmación. Si se le dejan - como en el título - apenas lo es al cincuenta por ciento. La pregunta contempla el espacio de riesgo con que se anticipa lo que puede pasar al novelar la vida de Don Pablo, como pasa con las novelas en general, producir una identificación emocional con la imagen del personaje y con lo que representa. Que ojalá una serie sobre un bandido mítico, no vaya a infectar en absoluto la vida colombina, que hasta donde ha podido se ha mantenido resistente y alejada de la herencia de Don Pablo, de la patrona y sobre todo de los políticos.

María Isabel quiere que al terminar la serie – se produjeron 60 capítulos de una hora que en vista del éxito inmediato,  se convirtieron en 120 de media -, todos los colombianos, hasta los uribistas, odiemos a Don Pablo, y en coro gritemos: “el crimen no paga”. Lo que la asusta es que Don Pablo, en la representación televisiva, en vez de inspirar cerrada antipatía, genere empatía. Que por momentos, o del todo, algunos se pongan del lado de Escobar, de la misma manera como muchos chicos de la época se pusieron del lado de “la Perrys”, en la serie El Capo.

La fórmula que María Isabel les ordena los guionistas es incalificable. Les habla de dos filtros para el guión. Un filtro racional para que cada televidente desentrañe el mal con su razón, aunque para hacerlo tengan que prescindir de sus emociones, justamente las que toca la serie. Y de un segundo filtro: introducir obligatoriamente – “se necesita tener” – “nociones intelectuales sobre conceptos morales”. Estoy convencido que fue algo que le dictó el mismo Groucho Marx.

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