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Santos y Palestina

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122 naciones acreditadas ante las Naciones Unidas, han anticipado su voto favorable para que la Autoridad Palestina (Cisjordania y Gaza) se convierta en el Estado de Palestina. Cierto, son los países pobres, la mayoría. En contra de la demanda, que hizo  Mahmud Abbas el viernes en New York, están: USA, Rusia y la CE. Cierto, los países ricos, si es que hoy, a punto de una nueva escalada de la crisis global, quedan países ricos.

Colombia ha negado la favorabilidad a la pretensión palestina, con un argumento tan pobre, como tramposo. Dice el Santico que Colombia (entrevista a Yamid Amat. El Tiempo 25-09-2011) acepta la idea del estado palestino, a condición de que se negocie con Israel, para “vivir en paz”. Es decir, si Israel no quiere estado palestino, no habrá estado palestino. ¿Por qué  el derecho de un pueblo, con nacionalidad, lengua, religión y autoridad, que hasta 1947 conservaba integra la Palestina bajo su jurisdicción, después de 65 años debe someter su derecho al arbitrio político de Israel?

Así como no tiene hoy sentido cuestionar la existencia del Estado de Israel, independientemente de la forma como por la fuerza, abrió su espacio en la antigua Palestina, no tiene sentido oponerse a la creación del Estado de Palestina. Una relación diplomática, una agenda de conversaciones, tendrían más soporte institucional, si se hiciera como una negociación bilateral entre estados. Aunque la paz no se ha logrado en 65 años.   

La razón de fondo para negar el voto a la creación de un nuevo estado en el seno del conflicto heráldico del siglo XX y del XXI, es el temor de los países contrarios a la iniciativa, de que el nuevo estado termine en manos de los fundamentalistas, de Hamas. El mismo temor de que el Estado de Egipto termine en manos de la Hermandad árabe. ¿Alguien se ha preguntado si el conflicto árabe israelí tiene solución?

¿Cómo creerle al Santico semejante argumento que tiene visos contra derecho? Cómo creerle, si es capaz de de decir, en el mismo reportaje, que Colombia  no “tiene dependencia política ninguna” con USA. “Dependencia ninguna” termina diciendo sin que se le mueva un pelo.

¿Cómo creerle a un jugador? Y digo un jugador, sin querer referirme al poker o al golf, sino a los negocios, que quiere extender a todo el mundo según lo denuncia su agenda internacional. Un jugador de las relaciones diplomáticas, un jugador de los acuerdos temporales, de pactos subentendidos. A un tipo así no se le puede creer que sea libre e independiente, al anunciar, a nombre de Colombia, el único voto negativo en América Latina, contra la creación del Estado de Palestina.

Con un tipo así.     

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