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Alberto Rodríguez

El sexo del poder

El sexo del poder

Cadáveres de Benito Mussolini y Clara Petacci

"¿Sabes, amor? Anoche en el teatro te desnudé por lo menos tres veces. Te miraba, te quitaba la ropa mentalmente y te deseaba como un loco". No se trata del fragmento de una conversación telefónica chuzada entre el Caballero Berlusconi y Patrizia D`Addario, su loba de Estado. Se trata de una discreta notita, eso sí, de otro político italiano, tan fogoso o más, Benito Mussolini, hecha llegar a Clara Petacci. Ella  registró el contenido en su diario, el cinco de enero de 1938. Los partisanos los ahorcaron - codo con codo - el 25 de abril de 1945, tras veinte años de régimen, con las cabezas hacia abajo.

Claretta en su diario pintó a Mussolini racista, violento y despiadado. Nada que no supiéramos. Esperamos luces para comprender mejor esa relación entre el poder y el sexo, entre la virilidad y el Estado, la libido exhibicionista de los hombres del poder, de los políticos y los gobernantes.  Mauro Suttora  ha puesto la semana que pasó en las librerías italianas su Mussolini segreto.

Patrizia D’Addario, asegura que el Caballero debería estar en el libro Guinness, por sus arrechas performances. "Pensé que lo había visto todo, pero nunca a veinte  mujeres sólo para un hombre. Me sentí en un harén y él era el jeque".

Kennedy, el primer ejemplo de atleta sexual de estado. Lo enfermaba la monogamia, le producía cefaleas intensas y oscilantes, se lo confesó a Harold Mac Millan. Se inició en una casa de putas en Harlem. Toda su vida convivió con una uretritis venérea, hasta que lo balearon en Dallas. Pero nunca permitió que nada pervirtiera su estilo. El poder es para tirar.

Hitler, es un caso ambivalente. Los hombres, aún los de su más cercano círculo militar, siempre pensaron que era un impotente. Ante la sociedad masculina proyectó una imagen sospechosa. Su típica postura, con las manos cruzadas sobre sus genitales, hizo pensar mal a los suspicaces alemanes. Pero el círculo de mujeres, que después del treinta, accedió a su cama, dicen lo contrario. Su especialidad era el sadomasoquismo coprofágico activo. La única que sobrevivió fue Eva Braun. A todas las otras conocidas – Renate Müller, Unity Mitford, Suzi Liptauer, María Reiter – y desconocidas, una vez salían de la habitación, las mandaba a cazar con la Gestapo, o ellas por su propio mérito ponían  fin a su vida.

El matrimonio Ceaucescu fue ejecutado el día de navidad mientras los países del este celebraban la revolución del terciopelo. Ceaucescu fue el facho cabrío del socialismo del este, un regímen crudo, criminal, en blanco y negro, que se ejerció contra hombres y mujeres, de manera privada y colectiva. Fue un fascista rojo en la cama y fuera de ella, sometedor, penetrador, ocupador, invasor. El modelo del atleta sexual del Estado del este, en términos de sexo-fuerza, fue una mezcla vívida de los Macbeth y Vlac el Empalador.

El mismo Mussolini le confesó a Claretta que la sola idea de tener una sola mujer le repugnaba, le parecía “inconcebible”. “Hubo una época en la que tuve catorce mujeres, y me acostaba con tres o cuatro cada noche, una tras otra...eso te dará una idea de mi sexualidad”.

1 comentario

Guillermo Villegas -

Pues ayer escribí esto que no tengo idea por que no salió, pero lo repito.
Pudieramos agregar más nombres a esta lista de la relación sexo-poder.
Pero también podemos agregar un caso excepcional: AlvaroAlvaro. Quien parece que ha venido "aplazando el gustico" para cuando sea expresidente. Pobre Lina: con cama ancha y gélida.
O será que a ella también le habla al oido, el sensual José Ordulio?