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Si no soy yo ¿quién?

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Colombia y Venezuela trágicamente gobernadas desde distintos flancos políticos, comparten en el poder un par de megalómanos con delirio mesiánico. El uno que no ha querido decir que quiere seguir siendo presidente, y el otro que dice, que dice el pueblo, necesita seguir indefinidamente. Ambos son demócratas: pactan la continuidad y la sucesión mediante elecciones. El Micomandante, dijo que ahí donde las perdiera, sacaría sus tanques. Monseñor cabalga en las encuestas sin que se le riegue el tinto. 

 Monseñor y el Mico no son hombres, son causas. Pero, con un agravante, la única necesaria para el país. Monseñor dice: necesito la continuidad de la “seguridad democrática”. El Mico dice, necesito la continuidad de la “revolución socialista”, la apoteosis bolivariana, si señor. Ambas proyectos son sus banderas. El Micomandante, es claro: necesito reelección indefinida. Su padre deja la gobernación de Barinas para entregársela a su hijo, el Mico chiquito. Monseñor es una mezcla de jesuita y José Obdulio: no habla de lo que no le conviene, y cuando habla miente o nos vende una falacia.

 Las elecciones para el Micomandante fueron buenas en cantidad. En calidad, es como si Monseñor perdiera, Valle, Antioquia, Atlántico, Santander y fuera de eso Bogotá. En un arrebato de respeto democrático, que repugna, la noche de las elecciones, con resultados en la mano, dijo en la presentación al filo de la media noche: Venezuela es un estado democrático, aquí no hay ninguna dictadura, reconocemos el triunfo de la oposición. Más como un político que como un militar, prefirió mentir que sacar sus tanques.

 En Colombia, no tendremos cómo pagar los servicios combinados de David Murcia y  Vargas Lleras, en la tarea de hundir, de distinto modo, la aprobación del referendo de reelección. Contribuyó también que el sacristán siniestro, mandadero y chupaculos, de Giraldo, no sabe escribir. Entregó un texto de referendo a la Registraduría, que terminó siendo un boomerang. Tampoco dice Giraldo, de qué fondo salieron los recursos para financiar el despropósito. No ha podido decírselo al país. Vargas Lleras, más fiel a sí mismo, que a Monseñor, se declaró en campaña.

 ¿Qué será de Colombia sin la seguridad de Monseñor y qué de Venezuela, sin el socialismo del Micomandante?

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