El General Naranjo y el “Cartel de lo sapos”

El General Naranjo creyó, que el seriado producido por Caracol, adaptación del libro de Andrés López - no el de la Pelota de letras -, contribuiría a “unos mínimos de verdad”. Pero el libro de López no cuenta nada que no supiéramos, recrea la saga de los narcos, en la perspectiva de los narcos, y desde su punto de vista. Pero aún presumiendo como el General, que el libro y por tanto el seriado son tentativas apologéticas, más de medio país se sienta diariamente a ver la apología de los hechos que todo el país vivió y vive en carne propia, o a través de los medios, por acción de las víctimas y los aliados, por el gobierno, y por las consecuencias políticas y sociales en los últimos treinta años. Eso debería preocupar más al General, que la “verdad”.
El General se queja que la serie ha transformado a los villanos en héroes. Por ejemplo, al Coronel Danilo Guzmán. También protesta porque “se caricaturice la vida ejemplar de Presidentes” como Samper, Fiscales como Luís Camilo Osorio, Gobernadores como Hernandito Araujo, Trino Luna y Pablo Ardila, periodistas como Fernando Londoño, candidatos como Carlos Holguín, soldados como el coronel Byron Carvajal, o la nómina de Generales que trabajaba para Jabón. No General, Caracol no llegaría a tanto, por ahora lo que ha hecho es darle voz a quienes siempre o casi siempre fueron subterráneos. Ese es el gran pecado que agita el gusto de las audiencias.
Pero aún con toda la indignación, el General Naranjo y los narcos coinciden en algo. “Razón tienen los delincuentes en señalar casos particulares de funcionarios que se degradaron frente al poder perverso de la mafia” dice el General. Si bien no todos sus policías son malos, la mafia necesita de los que sí lo son, de funcionarios vendidos, de policías comprados, de jueces venales, de políticos corruptos, porque necesita Estado para subsistir. La serie en este sentido no confunde a nadie. Si le vamos a atribuir defectos, comencemos por señalar que está ensamblada sobre una ristra de lugares comunes, con una nómina de actores completamente dispareja.
General Naranjo, no es solo por acción de los policías buenos que los mafiosos han terminado entre rejas o muertos, también por acción de sus malos policías, que son más de los que usted quisiera – y no me vayan a preguntar cuántos – y desde luego por propia voluntad, cuando el sometimiento es parte de la negociación. Todo es negociable.
A los narcos no hay que convertirlos en héroes, la fuerza, el billete, la crueldad, la sagacidad, el espíritu de empresa, el arte de coronar y llegar a ser alguien, han calado tanto en el imaginario de cientos de colombianos, que cambiaron de héroes, sin que usted se diera cuenta. Ese es justamente el drama del legado de la cultura mafiosa. ¿Por qué el seriado es tan exitoso? Más que por su fidelidad o por ser estéticamente bueno en sí mismo, porque nos recrea en el dolor, de manera poco seria, y aún así nos proporciona una cotidiana catarsis a bajo precio.
Nadie está confundido, duerma bien General. Y a sus muchachos – los “desprevenidos patrulleros” – que son los únicos confundidos y no entienden, cómo en la serie los buenos se volvieron malos y los buenos malos, dígales que siempre ha sido así. Que llega un momento en el conflicto en que los límites también se degradan.
Todos reconocemos a los personajes, con nombres cambiados, para que se pudiera argumentar coincidencia, si la ficción, como lo saben algunos abogados, pudiera llegar a ser causa penal. En lo único en que coincido con el General Naranjo, es que la serie convirtió al “mejor policía del mundo” – el General Rozo – en una deplorable caricatura, que quizás no se merecería. Jamás pudo haber sido tan chato, tan tonto, tan ineficiente y sin manejo como el personaje de la serie. Los productores, no sé si deliberadamente, lo convirtieron en el hazmerreír de semejante tragedia.
Se equivoca usted General, los policías sí tienen más de un camino.
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Autor: Alvaro Molina
Alvaro
Fecha: 14/06/2008 17:04.


