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La silla definitivamente vacía

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¿Se debería revocar el Congreso? Sí, pero no solo, se debería revocar también al Presidente, porque el último eslabón de la cadena de delitos políticos en connivencia con el paramilitarismo, termina en él, así como la cadena de delitos cometidos con el narcotráfico, terminaba en Samper. Y ante todo se deberían revocar los partidos. Darle cristiana sepultura a las bandas de bandidos de viejo y nuevo cuño, que cometen todos los días delitos de lesa humanidad: valerse del Estado para sus propios fines. Revoquemos la democracia de los bandidos perfumados. De los paisarretes ambiciosos, de la aristocracia sin honor, de la perramente parlamentaria, de los criminales bien hablados, de esos que creen que el fin justifica los medios.

Que la democracia es imperfecta. Sobra decirlo. Que la democracia parlamentaria es más imperfecta, también. La participación ronda la propaganda comunitaria y el mito. A los políticos se les llena la boca diciendo: esto es una democracia porque todo el mundo puede votar, “la democracia necesita partidos fuertes” (sic), el congreso es el foro democrático por excelencia. No hay partidos fuertes, ni siquiera hay partidos. Hay unas bandas que se distinguen por el número de políticos judicializados y no judicializados.

Revisemos los argumentos: todo el mundo puede votar, pero las elecciones se arreglan, el dinero compra votos, los paramilitares obligan a votar, se hacen trasteos de votos, las registradurías locales terminan de escrutar, se cambian los registros, las FARC queman puestos de votación, el Presidente se hace reelegir, rompiendo las reglas del juego electoral. ¿Partidos? El partido conservador se acabó desde tiempo de Álvaro Gómez, lo que queda es un apéndice de manzanillos uribistas que usufructúan puestos gubernamentales. El partido liberal es una banda de manzanillos en la oposición, sin credibilidad, sin gobierno y sin redención, que vive de un “glorioso pasado” que a la mayoría de los colombianos nos tiene sin cuidado. La coalición de “partidos uribistas” (U, CR, Alas y todos los demás alías) son excrecencias de segunda, de los viejos partidos, que por conveniencia se alinearon con Monseñor Uribe. Son los cómplices de primera instancia de los crímenes democráticos del régimen. Todos, a su vez, hicieron negocios con los paramilitares, acuerdos para que les pusieran votos a cambio de Estado.

Graciosas, por decir algo, resultaron las declaraciones de Papá Noel del Polo, diciendo, que está de acuerdo con la revocatoria del Congreso – ni más faltaba siendo del Polo – para relegitimarlo. Habría que preguntarle si alguna vez fue legítimo, y si lo fue, cuando dejó de serlo. ¿Con el escándalo de la parapolítica? Tal vez porque el Polo es Congreso, y tiene la más grande bancada en la historia de la oposición, no hablaron de la revocatoria antes.

Revoquemos, revoquemos, revoquemos con indignación civil. Las bandas del poder merecen el repudio definitivo. Si no las sacamos del poder no van salir. Pero tampoco van a salir a bala. En este país ya se ha echado toda la bala que le cabía. Ahora la única munición efectiva es la indignación civil: la lucha simbólica.

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