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Resoluciones insulsas

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La resolución salida de la reunión de cancilleres de la OEA respecto al conflicto entre Colombia y Ecuador, es una cascada de babas y medias tintas, ni se dijo lo que se tenía que decir ni como se tenía que decir. El “Ministerio de Colonias” no satisfizo completamente a ninguna de las partes, aunque aisló a los Estados Unidos, al no haber incluido un aparte que recogiera el sentido del artículo 51 de las Naciones Unidas, que faculta a los estados a intervenir – actuar y defenderse, lo que quiere decir agredir militarmente - en otros países cuando son atacados desde esos. Un artículo hecho a la medida de las necesidades intervencionistas de los Estados Unidos, que quieren que se haga valer para justificar la intervención militar de Colombia contra un campamento permanente de las FARC en Ecuador. Un acuerdo internacional que Colombia no ha invocado.

Ecuador quería una condena y le dieron un rechazo. Estados Unidos quería reconocimiento explícito del artículo 51, y los cancilleres de todo el continente se le hicieron los de la vista gorda. Colombia quería que se condenara a las FARC, y el comunicado habla de “grupos irregulares” y “organizaciones criminales”. Colombia merecía una condena por la violación territorial. Ecuador también, por albergar campamentos de las FARC.

La OEA no avanzó un centímetro con relación a los acuerdos de la reunión de Santo Domingo. Insulsa y los insulsos latinoamericanos no hicieron nada, ya los presidentes se habían dado el abrazo y salido en primeras páginas. No fueron capaces de condenar nada, como si no hubiera que condenar. Ni siquiera tuvieron el valor y la integridad para haber dejado un protocolo explicativo de por qué la OEA no acepta el artículo 51.

La OEA reiteró la plana vigencia del principio de territorialidad, un lugar común retórico que viene repitiendo desde que se fundó; reiteró la intangibilidad, pero no habló de la soberanía popular, (los Estados Unidos nunca permitieron tocar el asunto) el principio que protege la sociedad civil en riesgo, aunque no se violen las fronteras. Entre esta declaración y la de la Cumbre de Río, no se avanzó en política, ni en agenda. La falta de carácter y el alma desleída de la Organización, sus defectos de nacimiento, no le permiten más.

Chávez es más peligroso por sus complicidades con las FARC, que por el despliegue súbito de diez batallones a la frontera. Es más peligroso por el oxígeno que pueda dar que por los misiles que nos pueda lanzar.


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