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El sofá y la sofá

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La condena a trece años de prisión a Leopoldo López no sorprende a nadie. Lo que sorprende es que el régimen haya producido una sentencia que más le sirve a la oposición interna y externa de Venezuela. La noticia la retuvieron durante dos días. Y la andanada internacional fue casi inmediata, medios, organismos de justicia, tribunales, se pronunciaron contra un fallo político por razones políticas. No así los países de la región, que siguen guardando una cauta y miserable discreción ante Venezuela.

El régimen tuvo entre sus cálculos una reacción popular, a la que el propio Leopoldo llama, en una carta desde prisión. Una oleada de descontento callejero como la del 2014, habría sido la reacción precisa para declarar una turbación pública que hubiera obligado a postergar las elecciones. Pero no se produjo, al menos no todavía. La oposición, la gente en Venezuela tiene miedo. Ya vio las fauces del régimen, sintió el vaho bolivariano, la fuerza del paramilitarismo oficial, la mansedumbre del aparato de justicia. Ha visto el tratamiento que se les ha dado a los presos políticos, la forma de capturarlos e incriminarlos. No le han visto temblar la mano a Maduro.

Maduro no pudiendo explicar la crisis de Venezuela, no pudiendo decir la verdad, no pudiendo reconocer la responsabilidad del régimen, necesita argumentos para explicarla: el complot internacional, el asalto paramilitar del uribismo, la manipulación de los precios del petróleo, la infiltración colombiana, la actividad de los medios.

Nada le serviría como la verdad, lo único que jamás aceptará, que no dirá. Pero no por una simple razón de transparencia, que siempre ha de resultar ajena los gobernantes, sino por una razón práctica: solo con la verdad se podría enmendar el rumbo.

Echarle la culpa a los medios es una tontería más del tamaño del propio Maduro. Es concederles un poder que no tienen, el de crear la crisis. Ahora, que los medios, a la crisis venezolana le den un tratamiento animado por su posición a favor o en contra del régimen, es lo de esperar en un estado de libertad de información y opinión. Pero no, para Maduro los responsables son los medios, igual que para los corifeos latinoamericanos del chavismo, el régimen político no tiene ninguna responsabilidad en la concentración de poderes, en el manejo primitivo de la economía, en las violaciones de derechos humanos, en las relaciones internacionales, en la crisis de abastecimiento. Los medios han creado el caos. Cómo entender entonces que no lo hayan tumbado con semejante poder.

Maduro soluciona en términos de opinión el problema venezolano vendiendo el sofá y la sofá.   

 

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