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"Fidel Castro ha vuelto para matar el mito de Fidel"

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 ¿Qué ha pasado con su permiso de salida para acudir a la entrega del premio?

La primera vez que intenté salir del país tras abrir mi blog ‘Generación Y’ en 2007 fue para recibir el premio Ortega y Gasset en mayo de 2008. Desde entonces he recibido al menos siete negativas directas de viaje.

Lo que ha ocurrido ahora es que han seleccionado la estrategia de no darme respuesta, dilatar el trámite. Me dijeron el viernes pasado que volviera este viernes, pero estaba claro para ellos que la ceremonia [que era el pasado lunes] había pasado.

Es la forma de penalizarme y también creo que tienen el temor de que un viaje al extranjero, sabiendo que voy a regresar, pueda potenciarme en mis conocimientos tecnológicos. Si pudiera salir, interactuar con las personas que hacen periodismo digital, con los bloggers de otras naciones, con los internautas, los informáticos… traería una dosis de información y de conocimientos técnicos en una importantísima hora para el fenómeno de lo blogosfera alternativa.

¿Se siente vigilada en su país?

Sí, me siento vigilada. Lo que pasa es que evito que eso me convierta en una neurótica, porque no tengo nada que esconder.

Las personas que vigilan en el bajo de mi casa –vivo en un edificio de 14 pisos con 144 apartamentos donde es vox populi que hay hombres ahí abajo a la espera de que mi esposo y yo salgamos para seguirnos- lo único que podrán notar es cuándo visito a mis amigos, en qué trabajo, cuándo salgo con mi memory flash a conectarme a un hotel para un texto que inmediatamente se hará público. De manera que como no trafico con armas, ni tengo ningún plan para atacar una fortaleza militar, es bien poco lo que pueden sacar de mí.

¿Qué sucede a la hora de utilizar el correo electrónico?

No tenemos acceso a internet en casa. Un ciudadano como yo no puede contratar una conexión doméstica, eso es un privilegio para altos funcionarios.

Tenemos que conectarnos en los hoteles, donde las conexiones son filtradas y donde hay muchas herramientas de lo que llamamos “programas carnívoros” para secuestrar información privada.

Alguna vez la han llamado la atención directamente...

De muchas maneras lo han hecho. La primera vez que me citaron a una estación de policía fue en diciembre del año 2008 y la frase que me dijeron nunca la voy a olvidar, porque sin preguntarme cuáles eran mis propósitos, pasaron a la amenaza verbal y me dijeron: “usted está descalificada para el diálogo” y además “ha traspasado todos los límites”. Ahí fue donde me enteré que había la intención de un diálogo…

¿Y ahora, mientras hablamos por teléfono?

Ellos -estoy segura- en este momento están al otro lado de la línea. He hecho algunas pruebas de hacer determinadas citas por la vía telefónica y después cuando llego a los lugares a la hora acordada están allí.

De todas maneras a mí me gusta pensar que algo queda en ellos, algo queda en el verdugo o la víctima. Y si están ahí, saben que no soy una persona que está incitando a la violencia ni a la venganza, sino que simplemente quiere tener un espacio de opinión en su propio país.

¿Qué le sigue impulsando a escribir a pesar de las dificultades?

Me siento muy responsable con las personas que me leen, con esa comunidad de cubanos de dentro y de fuera que se ven reflejados en mis palabras o al menos las utilizan como contrapunteo a sus propias opiniones.

Me impulsan las historias cotidianas y el silencio sobre temas fundamentales. Hay que narrar a toda velocidad estas escenas del naufragio que se van a perder si no las contamos ahora.

También mi familia, y mirarle a la cara a mi hijo de 15 años y temer que un día me vaya a preguntar “y tú qué hiciste”.

¿Está cambiando algo en la isla con anuncios como el del permiso para crear empresas privadas?

Me encantaría ser optimista, pero todavía no he oído un compromiso público y real de las autoridades cubanas con estos cambios lentos y superficiales que se han hecho.

Muchos de estos cambios se están produciendo porque no hay otra alternativa, pero ninguna de esas medidas, como puede ser ampliar el listado de profesiones por cuenta propia, están avaladas por un juramento de Raúl Castro de que no se va a volver a echar atrás.

Ya vivimos algo similar con el “maleconazo” del 5 de agosto de 1994, cuando la población se lanzó a la calle. Entonces el Gobierno abrió un tanto la válvula para aflojar la presión. Se creó la posibilidad de abrir restaurantes, rentar habitaciones y un montón de profesiones por cuenta propia que después fueron siendo asfixiadas paulatinamente. Mientras no exista un compromiso, hay muchísimas reticencias a dejarse engatusar otra vez por los supuestos cantos de sirena de la apertura.

¿Qué me dice de la vuelta a la esfera pública de Fidel Castro?

Es un hombre que ha estado 50 años al mando de un país, tratando de hacer la nación a su imagen y semejanza, utilizando el micrófono como su arma principal y está claro que para él es prácticamente insoportable ceder ese espacio.

Ha vuelto porque evidentemente está un poco más recuperado de salud. Sin embargo, [en la práctica] Fidel Castro ha vuelto para matar el mito de Fidel Castro. Ese va a ser el resultado.

Este hombre, anciano y con muchísimos deslices verbales, está sepultando para el futuro la imagen que podía quedar del que otrora fue el comandante en jefe. Estoy segura de que mi hijo Teo, que es un adolescente ahora, lo recordará por estas últimas incursiones.

Pronto la UE debatirá si mantener o no la llamada “posición común” frente a Cuba. Varios ex presos exiliados ahora en España ya han indicado que no quieren que se levante. ¿Usted qué opina?

Yo soy enemiga del bloqueo norteamericano hacia Cuba. Sin embargo, [en el caso de] la “posición común”, que es una sanción política a nivel de gobierno, me parece que las autoridades de la isla no han hecho nada para merecer el levantamiento de esa posición que fue impuesta por ciertas condiciones políticas y sociales que hoy en día siguen siendo las mismas.

Quizá sí sea el momento para replantearse la posición. No debe ser solo un memorándum de cancillerías de gobierno, hay que crear una verdadera posición común de solidaridad hacia el pueblo cubano: a través de información, microcréditos, infraestructuras, intercambio cultural y ciudadano.

¿Qué cree que es lo primero que debería cambiar en Cuba para que las cosas mejoren?

Yo no soy una economista, pero conozco un abracadabra: dejar opinar a todo aquel que quiera. Porque me consta que en las gavetas [los cajones], escondidos de la luz pública por temor al castigo, hay un montón de propuestas para solucionar los problemas económicos, sociales y cotidianos.

[Pero] todos nos sentimos con un pie en prisión [y] mientras no se despenalice la discrepancia en Cuba, no aflorarán esos bálsamos.

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